Vulnerar las instituciones es vulnerar a México
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Vulnerar las instituciones es vulnerar a México

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Vulnerar las instituciones es vulnerar a México

08/03/2018
Actualización 08/03/2018 - 11:45

Hace apenas tres semanas escribí en estas páginas que los partidos que han estado en el poder en los últimos casi 18 años, han sido los primeros que han debilitado a nuestras instituciones. Daba ejemplos: los ataques al INE (que han venido de todos los partidos), los nombramientos en puestos clave basados en cuotas partidistas, la destitución del fiscal de la Fepade, el nombramiento ilegal de Paloma Merodio como vicepresidente del Inegi, la inacción de la PGR en el caso Odebrecht y tantos otros, la lentitud para implementar cabalmente el Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) y retrasar -por parte del Comité Coordinador del SNA- la autorización de los formatos públicos de las declaraciones de intereses y patrimoniales del mismo sistema, entre muchos otros casos.

Recientemente se ha agregado el último evento que ha agudizado el abuso y manipulación de una institución fundamental del país: la acción de la Procuraduría General de la República por el proceso que sigue en contra de Ricardo Anaya por presunto lavado de dinero. Independientemente de los méritos de la investigación y sus conclusiones preliminares, lo que ha llamado la atención es la celeridad con la que se ha llevado a cabo el proceso de investigación y la cobertura mediática y de los 'opinólogos comedidos' que ha atraído el caso.

En una carta dirigida al presidente Peña Nieto esta semana, un grupo de personajes de alto perfil ciudadano le manifestó su preocupación por el uso político de la PGR. Es una preocupación no sólo válida, sino crítica. Y no sólo por el aspecto político del caso particular, al dirigirse el ataque contra uno de los rivales más significativos que tiene el partido en el poder, sino por lo que implica en términos de solidez del Estado mexicano. La utilización de las instituciones públicas con fines personales, partidistas o de grupo es la mejor arma en contra de la estabilidad política y económica. Y pareciera que ni el gobierno en turno, ni los líderes políticos, se percatan de la gravedad de sus acciones. Es un ataque a la fortaleza del país, a la estabilidad institucional, a la credibilidad de México como Estado respetable. No se dan cuenta que cada vez que una institución es vulnerada, así sea por el nombramiento de un individuo que claramente no cumple el perfil o los requisitos legales para ocupar el puesto, o bien porque falsea los datos o la información pública que provee, o simplemente porque toma decisiones claramente contrarias al interés de la gente, el respeto por la estructura del país se debilita.

Imagínese usted un ataque sistemático y frecuente al Banco de México. ¿En qué condiciones andaría la vida económica y financiera del país? O bien un ataque a la Comisión Federal de Competencia Económica, ¿cómo podría esta enfrentar el poder monopólico de empresas y llamarlas al orden para beneficio de los consumidores? Imagínese que la PGR es utilizada por su jefe, el presidente de la República, para perseguir a sus enemigos políticos ¿Podríamos esperar los ciudadanos un sistema de procuración de justicia e igualdad ante la ley? O bien, si el poder ordena a la Auditoría Superior de una entidad federativa fincar responsabilidades a un servidor público inocente de modo que lo inhabilite para ocupar un cargo público nuevamente, ¿qué credibilidad le deja a la Auditoría cuando ésta señale a criminales verdaderos? Y la lista puede continuar y continuar.

Vulnerar la integridad de las instituciones del Estado por quien sea, y especialmente por quienes tienen la más alta responsabilidad, debilita al Estado en su conjunto, con serias consecuencias para el país. Por ello es necesario volver a llamar la atención a quienes tienen autoridad –presidente, gobernadores, presidentes municipales, legisladores y servidores públicos en general– para que cuiden, protejan y animen a las instituciones del Estado, y particularmente aquellas que están cerca de la gente, de cada miembro de la sociedad.

Hablamos de proteger las instituciones, aunque en realidad deberíamos hablar simplemente de respetarlas. Respeten la historia institucional, respeten el puesto que ostentan, respeten las reglas que otros han establecido. En suma, respeten a México.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.