Tres frases para recordar
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Tres frases para recordar

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Tres frases para recordar

01/11/2018

La historia económica nos sirve como faro para ver lo que podría venir. Chequen estas frases clásicas del entonces presidente José López Portillo (JLP), que parecen repetirse hoy con el presidente electo Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

Era la celebración del Día de la República, 5 de febrero de 1982, cuando JLP afirmó, en Querétaro, aquella célebre frase: “Defenderé al peso como un perro”. Había gran desconfianza y ocurría una grave salida de capitales que anticipaba una fuerte devaluación. El problema es que el presidente López Portillo cumplió su palabra y no autorizó la devaluación del peso, hasta que el agotamiento de las reservas lo obligaron a hacerlo. El Banco de México (Banxico) perdió miles de millones de dólares de su reserva internacional. Hace unos días volvimos a escuchar una versión de esta misma idea: aferrarse a una postura, no importara el costo –“Me canso ganso”, dijo AMLO para asegurarle a su base que construirá la nueva refinería y el Tren Maya, cueste lo que cueste y digan lo que digan sus críticos. Y efectivamente, el proyecto de la nueva refinería fue el causante principal por el que la calificadora Fitch pasó la deuda de Pemex de perspectiva estable a negativa. Es decir, que hay más riesgo y por tanto el crédito será más costoso: No importa, la refinería ¡VA! “Me canso ganso”.

Una segunda frase clásica de JLP es aquella que Jesús Silva-Herzog Flores menciona en el documental 1982. La decisión del Presidente (se puede ver en https://bit.ly/2yJZrCR). Narra Silva-Herzog que el presidente López Portillo iba a “consultar con el sol, el viento y el mar”, aquel fin de semana en Zihuatanejo, si nacionalizaría la banca o no. Menos de una semana más tarde, en su último informe de gobierno, López Portillo anunció la expropiación de la banca. JLP asumió toda la responsabilidad de su decisión, que contribuyó a ahondar la crisis de la deuda externa y la contracción económica brutal de los años ochenta: la llamada década perdida.

Hace apenas unos días se llevó a cabo “la consulta” por parte de Morena, a petición del todavía presidente electo López Obrador, para decidir el futuro del NAIM. La “consulta” fue a tal grado grotesca que es evidente que quien tomó la decisión fue AMLO, aunque en su conferencia de prensa del lunes pasado afirmó: “Vamos a obedecer al pueblo y por eso se cancela la construcción del nuevo aeropuerto en Texcoco, para construir dos pistas y una terminal en el actual aeropuerto militar de Santa Lucía”. La “consulta” que hizo JLP se asemeja a la que realizó AMLO, pero el primero fue más honesto. Ambos personajes tomaron la decisión en forma personal, pero mientras JLP la asumió plenamente, AMLO responsabilizó al pueblo de México (sólo 700 mil ciudadanos que “votaron” por esa opción, ni el 1.5 por ciento de los electores). Pero el hecho es el mismo… ambos “consultaron” lo que deberían hacer: JLP al sol, el viento y el mar, y AMLO a sus bases de Morena (que de ninguna manera iban a contradecir a su jefe). Así se tomaron las decisiones con gravísimas consecuencias para el país. Sólo necesitamos recordar las enormes colas en los bancos y las angustias de las personas para recuperar su dinero, la inflación de más del 100%, así como la crisis de nuestro Estado de derecho que significó que el mismísimo presidente López Portillo violara flagrantemente la Constitución.

La tercera frase de JLP es la que expresó tras anunciar la expropiación bancaria aquel 1 de septiembre de 1982: “No va a pasar nada, los bancos sólo van a cambiar de dueño”; y continuaba: …los servicios de banca y crédito seguirán iguales, se ha terminado el saqueo de los malos mexicanos y de los banqueros, e ideas semejantes. Este lunes, cuando AMLO anunció que obedecía al pueblo que democráticamente se expresó en la “consulta” y que por tanto cancelaba la construcción del NAIM, dijo lo mismo que JLP: que no iba a pasar nada, que las empresas serían indemnizadas y que no perderían un centavo. Lo que siguió a la expropiación bancaria no fue sólo el cambio de dueño de los bancos, sino una grave crisis económica que tomó muchos años para salir adelante, a pesar de haber pagado una indemnización a los banqueros: desempleo, empobrecimiento generalizado, control de cambios, inflación desenfrenada y otros serios problemas. En el caso de AMLO, tampoco es verdad que la cancelación de la construcción del aeropuerto en Texcoco no tendrá consecuencias. Además del inmediato sobresalto en el tipo de cambio y la bolsa, que significaron pérdidas millonarias por el encarecimiento de lo importado y el valor de las empresas que cotizan en bolsa, tomó solamente un día para que las calificadoras HR y Fitch pasaran el status de la deuda soberana de México de perspectiva estable a negativa. Eso quiere decir que en breve, de no corregir el rumbo, aumentará la tasa de interés de la deuda pública, lo que costará muchísimo más a los mexicanos. Otra pérdida adicional es el descrédito del país y sus implicaciones para la inversión, que tendrá también repercusiones en el largo plazo. Es claro que no es verdad que “no va a pasar nada” por la cancelación del aeropuerto en Texcoco. Ya sucedió, y lo que viene…

Como economista y como historiador económico veo muchas similitudes entre las frases clásicas de JLP y las expresadas por AMLO. Las frases son importantes porque muestran una forma de ser, una actitud, una personalidad. Y así como el PRI de JLP tenía controlado al Congreso, igual ahora AMLO lo tiene controlado. El terrible desenlace de lo ocurrido durante y después del sexenio de JLP es altamente conocido. Ojalá que no se repita la historia, a pesar de los rasgos semejantes entre ambos personajes y sus reacciones similares ante situaciones análogas. Lo descrito sobre JLP ocurrió a meses de dejar el poder. Hoy, AMLO ni siquiera ha arrancado.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.