No me ayudes… la reforma fiscal de Trump
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No me ayudes… la reforma fiscal de Trump

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No me ayudes… la reforma fiscal de Trump

21/12/2017
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Trump
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Hace unos días el presidente Trump tuvo su primera victoria legislativa de importancia en lo que va de su gobierno. Logró pasar su propuesta de reforma fiscal, con una votación cerrada en el Senado. La reforma implica disminuciones en la tasa del impuesto sobre la renta de las personas, entre 2 y 3 puntos porcentuales en cada nivel de ingresos; una serie de deducciones para las personas físicas que tienden a contrarrestar parcialmente la reducción de ingresos que tendrá el fisco y, sobre todo, una muy fuerte reducción del ISR a las corporaciones (personas morales en México) de 35% a 21%. Ésta última fue una promesa de campaña muy popular entre los republicanos, y temida por los demócratas. Por ello fue aprobada ¿Por qué? ¿Cuáles serán los principales efectos de la reforma? ¿Y su impacto para el resto del mundo y para México?

En primer lugar, el Comité Unido Sobre Impuestos (Joint Committee on Taxation, que no es partidista) estima que el déficit fiscal en Estados Unidos aumentará alrededor de 1.46 trillones de dólares (billones mexicanos) en los próximos diez años. El déficit presionará las tasas de interés a la alza en Estados Unidos y alrededor del mundo en un monto no determinado. Como consecuencia, el costo de la deuda de los países tenderá a aumentar también.

En segundo lugar, los recursos disponibles para Estados Unidos serán menores y, por tanto, afectarán la construcción de infraestructura que mejore su competitividad interna. Actualmente, Estados Unidos requiere mayor inversión en puertos, aeropuertos, ferrocarriles, etcétera. Ello también reducirá su competitividad a nivel internacional.

Y por otra parte, la reforma fiscal tenderá a concentrar aún más el ingreso y la riqueza. Al disminuir la tasa impositiva de quienes tienen ingresos altos, y sobre todo aquellos que provienen de rendimientos financieros y empresariales del capital, les quedará un mayor ingreso después de impuestos. Este impacto es enorme sobre una sociedad que ya de por sí está volviéndose cada vez más desigual, con niveles de pobreza relativa creciente. La pérdida de movilidad social en Estados Unidos de los últimos decenios se va a agravar, y con ella, la polarización. No es una buena noticia para la sociedad norteamericana.

El impacto sobre México tampoco es menor. Los efectos macroeconómicos, como el alza en las tasas de interés (y que volvimos a apreciar recientemente por la decisión del Banco de México), elevarán el costo del crédito e impacatarán negativamente la inversión; sobre todo la construcción y la adquisición de bienes duraderos. Pero quizás el impacto más serio para México y para el resto del mundo es la presión que ejercerá sobre las tasas impositivas de las empresas. Si bien ha habido en los últimos años una tendencia a reducir esas tasas en el mundo (el promedio en países de la OCDE disminuyó cerca de 38% en 1996 a alrededor de 25% en los últimos años), una reducción de esa magnitud tenderá a incentivar la migración de corporaciones hacia Estados Unidos. Prácticamente ningún país puede darse el lujo de reducir sus ingresos fiscales disminuyendo sus tasas impositivas a las empresas, por lo que habremos de esperar una tendencia al déficit fiscal también en esos países. En el caso de México, el margen de reducción es enorme, pues la tasa impositiva a las empresas es aún muy alta relativamente. No obstante, las presiones de gasto y las limitaciones de endeudamiento que tiene el país son muy grandes, por lo que resulta inviable una fuerte reducción de la tasa impositiva en el país.

Así, el impacto de la reforma fiscal en Estados Unidos tampoco es una buena noticia para México. Servicio de la deuda más alto, encarecimiento del crédito, y fuertes presiones a disminuir la carga impositiva de aquellas empresas que pagan impuestos en el país. Eso, de ocurrir, llevará a mayor concentración del ingreso y la riqueza, lo cual es contrario a la lógica más elemental de justicia social en México, ya de por sí muy golpeado por la polarización social, política y económica en la que vivimos. Como diría el dicho, “no me ayudes compadre”.

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