La búsqueda infructuosa de contrapesos institucionales
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La búsqueda infructuosa de contrapesos institucionales

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La búsqueda infructuosa de contrapesos institucionales

28/06/2018
Actualización 28/06/2018 - 12:07

Uno de los principios esenciales de las democracias es la existencia de contrapesos institucionales que contengan la fuerza concentradora del poder. La historia ha demostrado que es consubstancial a la naturaleza humana la ambición de poder, y por eso desde la fundación de las democracias modernas se ha luchado por establecer límites al poder absoluto. Desde límites reales y fácticos, como amenazas de represalias por otro poder, hasta límites institucionales internacionales, como la Liga de Naciones o posteriormente la ONU, amén de la división de poderes en los sistemas democráticos modernos.

En México ha habido una lucha por establecer esos límites, y algo se ha logrado. La llamada construcción de nuestra joven democracia ha buscado en los últimos decenios, con relativo éxito, instaurar un sistema político que limite la concentración excesiva de poder. 1997 fue un año que significó un parteaguas, cuando el PRI perdió la mayoría en el Congreso de la Unión y el presidente Zedillo tuvo que negociar con otras fuerzas políticas para poder gobernar. El presidente Fox se enfrentó a una fuerte oposición y la abundancia de dinero que provino del petróleo acabó creando los virreinatos en los gobiernos estatales que ahora padecemos. Sí, se lograron crear contrapesos, pero éstos se utilizaron para consolidar poderes locales o regionales y muy poco para fortalecer nuestra vida democrática. La concentración del poder en el presidente se trasladó a los gobernadores, en sus propios terruños.

Poco a poco se fueron creando instituciones constitucionalmente autónomas que intentan ser un contrapeso del poder central en unos casos, y del poder de los gobernadores en otros. Por eso es que en el pasado reciente algunos de estos órganos, como el INE o el INAI, se han transformado para adquirir atribuciones de atracción cuando los órganos equivalentes a nivel local son cooptados por los gobernadores.

Tanto estos contrapesos, como los que debería haber en el Congreso de la Unión mediante fracciones parlamentarias de oposición, han resultado muy limitados. Por un lado, los nombramientos de quienes dirigen dichos órganos están frecuentemente marcados por las cuotas partidistas, mientras que legisladores individuales y en ocasiones grupos de ellos transitan de un partido a otro como quien da un paseo por el parque. No son realmente contrapesos. El número de casos de chapulines que han brincado de un partido a otro a lo largo de los años, y muy particularmente en este proceso electoral, es evidencia clara que lo que menos priva entre la clase política son las convicciones y el sentido de servicio a la sociedad.

Por ello, ahora que tenemos enfrente la mayor elección de la historia del país, una de las cuestiones que se discuten es si el muy probable ganador, Andrés Manuel López Obrador, alcanzará la mayoría absoluta en el Congreso o en el Senado, o si lo hará en la coalición Juntos Haremos Historia. Es probable que dichas mayorías no se alcancen este 1 de julio, pero igualmente es muy improbable que no las alcance en unos meses, dada la historia de infinidad de políticos y futuros legisladores que han abandonado a sus partidos para unirse a Morena. Es decir, es altamente probable que, por un camino u otro, una sola fuerza política tenga mayoría en ambas cámaras del Poder Legislativo en el futuro próximo. Y por lo tanto, que nuestra sociedad se quede sin contrapesos para atajar los excesos de poder del seguramente próximo inquilino de Los Pinos (o de Palacio Nacional). En la remota situación de que algún otro candidato llegue a la presidencia, es probable que nominalmente pueda haber cierto tipo de contrapesos, pero sólo se usarán para ciertos fines. No necesariamente para los que le interesa a la sociedad.

Así, resulta que nuestra larga búsqueda y construcción de una democracia moderna se enfrentará, probablemente, con un poder público que no tendrá suficientes contrapesos para mitigar o limitar los posibles excesos de poder. La sociedad no se puede dar ese lujo. Es indispensable encontrar caminos para construir nuevos contrapesos en el Congreso y en los órganos constitucionales autónomos. Nuevos cuadros de ciudadanos deben ocupar los escaños que hoy asumen los políticos, a quienes no les importa el sistema democrático que tenemos y realmente no ven por la sociedad (así de fuerte). Estas otras personas deberán tener orígenes diversos, sin estar maleadas por el actual sistema de partidos. La cita es a mediados de 2021. No lo perdamos de vista.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.