Opinión

Enlace y la mayoría
que no se pervirtió

Jennifer L. O’Donoghue

En semanas recientes hemos escuchado de funcionarios públicos, académicos y la sociedad civil sobre la cancelación de la prueba Enlace. La explicación oficial se dio a conocer este lunes 3 de febrero: la prueba se pervirtió por estar vinculada a los estímulos de los maestros y, por ende, se “pospuso”. Se presentó como si no existiera otra opción, como, por ejemplo, desvincular la prueba de los estímulos (considerando, por cierto, que no se canceló y se aplicará la prueba del Factor de Aprovechamiento Escolar, cuyo único propósito es otorgar estímulos a los maestros).

En el discurso oficial se habla de la “perversión” del examen como si fuera masiva y ubicua, como si la inclusión de maestros y padres en su aplicación equivaliera a corrupción, pero sin ofrecer datos duros para dimensionarla. Según datos de la Dirección General de Evaluación de Políticas (DGEP) de la SEP, desde 2006 a 2012, el “factor copia” en Enlace se mantuvo más o menos estable, pasando de 5.1 por ciento a 5.5 por ciento en primaria y de 3.3 por ciento a 4.4 por ciento en secundaria. Hablar de la perversión masiva, entonces, resulta injusto con la gran mayoría de maestros que han tomado la prueba seriamente.
Sin embargo, la voz de estos maestros no ha estado presente en la discusión. ¿Les sirvió de algo la prueba Enlace? ¿Les afectará su cancelación? Y tal vez lo más fundamental en estos momentos, ¿cómo se tomarán en cuenta sus necesidades en el diseño de la “segunda generación” de pruebas?

Hace unas semanas, empezamos a recopilar testimonios de maestros frente a grupo y directores, preguntando sencillamente: “¿cómo ha sido tu experiencia con Enlace?” Sus respuestas muestran un cuerpo docente que fue empoderado -y no pervertido- por la prueba.

En un sistema que ofrece poca retroalimentación para sus maestros, Enlace fue “un parámetro personal que permitió contar con un evaluador externo de los resultados del proceso de enseñanza”. Esto cobra mayor relevancia en un contexto en el cual uno de cada tres maestros mexicanos reportó haber tenido menos de una experiencia con evaluación externa en cinco años (TALIS, 2008) y nunca haber recibido retroalimentación de las autoridades en el año anterior a la encuesta (IFIE, 2013).

Por su naturaleza censal, la prueba Enlace dio a cientos de miles de maestros algunos elementos para reflexionar acerca de su práctica pedagógica y mejorarla. “Al conocer los resultados…, los maestros teníamos la oportunidad de…replantear la forma en que enseñamos”.

“Era positivo”, comentó otro maestro, “compararnos con nosotros mismos en cuanto a años anteriores…y trazarnos metas de superación”. El solo hecho de tener que hacer la prueba cambió prácticas -se adentraron más en los programas de estudio para “hacer lo posible por no omitir contenido alguno y procurar que el aprendizaje se logre” o cambiaron su enfoque a “razonar y aplicar el conocimiento” más allá de la memorización.

La prueba ofreció una oportunidad de intercambio de buenas prácticas. Los maestros que contactamos hablaron del análisis colectivo de los resultados, “permitiendo el intercambio de experiencias y acciones implementadas en cada una de las escuelas para la mejora de resultados educativos”. Fue una oportunidad de preguntar a sus colegas, ya con evidencia en la mano, ¿qué han hecho para poder mejorar?

La prueba les ayudó a dar seguimiento a alumnos, escuelas y zonas escolares. Con la cancelación de Enlace 2014, dice una maestra, “no se contará con un instrumento que permita dar seguimiento a las escuelas y sobre todo dar seguimiento al desempeño de cada uno de los alumnos”. Enlace, nos dijeron, “le permitía al docente intervenir y darle una atención de acuerdo a sus necesidades de aprendizaje”.

La prueba Enlace representó un cambio cultural. Una maestra expresó: “ya dejamos de considerar Enlace como una amenaza externa y la convertimos en una oportunidad de mejora”. De esta manera, muchos salieron del miedo a la evaluación e hicieron suyo “un instrumento perfectible pero necesario” que les permitió “conocer el nivel en que nos encontramos para poder avanzar”. Algunas personas reaccionaron mal ante la prueba Enlace, sí, pero no contar con este tipo de herramienta es restar posibilidades de acción concreta por propia iniciativa, para la gran mayoría de los maestros que no lo hicieron, relegándolos (de nuevo) a simplemente seguir indicaciones prescritas.

Si ya no tendremos una prueba de aprendizaje en 2014, debemos asegurarnos de que la que siga en 2015 tome en cuenta lo bueno de Enlace y no nada más lo malo. Además de ser técnicamente sólida y transparente, deberá ser censal e inclusiva -arrojando datos sobre cada alumna y alumno-, permitiendo que los maestros (y alumnos y padres) puedan ser agentes informados, reflexivos, colaboradores e innovadores en el cambio educativo que urge.