Opinión

Engarrótesemeai

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil revisaba las reacciones que provocó la declaración de Miguel Ángel Mancera de que su gobierno revisaría la altura y complexión del salario mínimo. A Gamés le simpatizó la respuesta de Mancera a la escandalosa encuesta que mostraba desaprobación a su gobierno. Bien, ¿no les gusta mi administración? Correcto, subamos el salario mínimo. ¿Qué opinan ahora? Desde luego, el Gobierno federal desgarró sus vestiduras y enseñó los dientes ante tamaño despropósito.

Minisalario


Miguel Ángel Mancera ha puesto la llaga en el dedo, o como se diga. ¿Es una locura revisar el salario mínimo? El expansivo gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, y dirigentes empresariales, pusieron el cielo en el grito, en fon, y dijeron que la propuesta de subir el salario mínimo a 100 pesos representa una amenaza a la economía nacional: “En la medida en que los aumentos salariales no vengan acompañados de productividad pueden generar inflación y hacer que los salarios reales, que son los que realmente importan, no aumenten”. Anjá. Si se revisa el minisalario quebramos la economía, provocamos inflación y desazón, caos y oscuridad. Mju. Conclusión, el minisalario podría revisarse eventualmente, quizás, en una de ésas, en el futuro. Cómo diría el economista mixto: ¡qué pex!

Un amigo que no malquiere a Gil y sabe de economías le ha escrito esto: el salario mínimo debe permanecer engarrotado hasta que encontremos la ruta de la prosperidad y la felicidad. Estudiosos del tema que Gil pondera y sigue con ojos bien cerrados, como Luis Rubio, no se refirieron al asunto en sus entregas semanales, acaso (gran adverbio de duda) les ha parecido irrelevante. La propuesta electoral o electorera de Mancera le ha recordado al mundo mexicano que hay quienes intentan vivir con un minisalario. ¿Dónde hay una mesa de afiliación a Morena para que Gamés haga lo suyo? Tampoco tanto, una cosa es una cosa y otra cosa es no manchen, ni loco.

El caricaturista Calderón de su periódico Reforma, con quien Gilga tiene el vicio oscuro de coincidir casi siempre, ha puesto en su cartón dominical que aumentar el salario mínimo quebraría a un sinfín de empresas y que los empleos perdidos repletarían el hoyo nefasto de la economía informal e infernal.

Parece claro que las reformas traerán bienestar muy pronto a la sociedad mexicana. En unos añitos todo será barato: la luz, la gasolina, la barbacoa, en fon. Los salarios aumentarán y Hansel y Gretel volverán a casa. Así las casas (gran figura inmobiliaria): nooo, porque tus errores me tienen cansado, en fon.

¿Qué le pasa a Gamés?


Para el presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Gerardo Gutiérrez Candiani, el tema del aumento al salario mínimo debe revisarse con gran responsabilidad: “no se debe manejar de forma populista”. El presidente del Consejo Mexicano de Negocios, Claudio X González, dijo que para el sector empresarial es razonable que la gente gane más, pero que si la mejora se da por decreto se corre el riesgo de repetir épocas aciagas de elevada inflación.

A Gil le llama la atención que haya tanto presidente de todo. Gamés no quiere ser autor de “Uno hasta el fondo” sino presidente de “Uno hasta el fondo”. ¿Cómo la ven? Sin albur ni nada. Gil lo leyó en su periódico El Universal: Juan Pablo Castañón, presidente de la Confederación Patronal, la Coparmex, un aumento al salario mínimo ocasionaría un incendio en crédito y finazas. Todo esto debe ser verdad, pero si todo esto es verdad, entonces estamos fastidiados. Gil imagina a Enrique Quintana dándose un manazo en la frente en la mesa de redacción: ¿qué le pachó a Gamés? Oiga, Luis Rubio, ¿escribirá al respecto? Pobre Gil, su cabeza es una pecera y dentro de ella da vueltas el pez de la duda.

La máxima de Groucho Marx espetó del ático de las frases célebres: “No puedo decir que no estoy en desacuerdo contigo”.

Gil s’en va.