Opinión

Enfrentar al tirano

 
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Venezuela protestas

Se necesitan dos ingredientes para una tiranía: un hombre o una camarilla ávidos de poder y un pueblo dispuesto a aceptar la servidumbre voluntaria. No olvidemos que al tirano la mayor parte del poder le ha sido otorgado libremente. Accede al poder mediante elecciones y, una vez instalado en él, se dedica a desmantelar las instituciones democráticas.

Una tiranía no se construye de la noche a la mañana. “Los partidos que rehicieron estados y eliminaron a sus rivales no fueron omnipotentes desde el principio”, dice Timothy Snyder en Sobre la tiranía (Galaxia Gutenberg, 2017). Estudioso del ascenso de los gobiernos fascistas y comunistas en Europa, Snyder observa con evidente preocupación los signos que le muestran que el huevo de la serpiente ya abrió y que un tirano en ciernes anida en la Casa Blanca.

Por múltiples factores no llegó Hillary Clinton a la Presidencia de Estados Unidos: errores de la candidata, aciertos de Trump, enojo antisistémico de votantes, un sistema electoral anacrónico que hizo posible que perdiera quien obtuvo la mayoría del voto popular; el hartazgo de la política tradicional, la participación del director del FBI a unos días de las elecciones, y la participación de Rusia en el proceso a través de ciberataques así como de la diseminación de noticias falsas.

Pero sobre todo, Trump ascendió al poder como reacción a la globalización. Supo explotar las desigualdades reales e imaginarias que ha provocado la expansión del comercio internacional, ante las cuales las democracias se han mostrado impotentes.

La globalización y sus efectos: migración, desempleo y, en el extremo, terrorismo internacional. Por miedo a estos tres factores un considerable sector del pueblo norteamericano entregó su fe al hombre que los protegería. Llama la atención que aun hoy, luego de los múltiples escándalos en su corto gobierno, el 92% de los votantes de Trump lo sigan apoyando. Si en campaña dijo que podía salir a disparar a la Quinta Avenida sin recibir ningún castigo electoral por ello, ahora es claro que puede sumar descalabros políticos sin que duden sus bases: ciudadanos que libremente renunciaron a su libertad para cederla a un posible tirano.

Ocurrió en Rusia luego de la caída del comunismo. Tras un breve y desconcertante periodo democrático, con Gorbachov y Yeltsin, los rusos se entregaron a Putin y a la oligarquía autoritaria que lo rodea. Al decir de Snyder, la política exterior de Putin “fue diseñada para destruir la democracia en el resto del mundo”. Para el autor, como para los holandeses en su última elección, resulta claro: “necesitamos papeletas de papel, porque no se pueden manipular a distancia y siempre pueden recontarse”.

Ha dicho Trump que no tiene propiedades ni negocios con Rusia. Lo que no quiere decir que no los haya tenido en el pasado. “¿Qué significa –dice Snyder– que seis empresas del presidente hayan quebrado y que hayan sido financiadas por misteriosas inyecciones de liquidez procedentes de entidades de Rusia y Kazajistán?”.

De forma inaudita, Trump pidió durante la campaña la intervención directa de los servicios de espionaje rusos: “Rusia, si estás escuchando, espero que seas capaz de encontrar los 30,000 mensajes de correo que faltan”, tuiteó el 27 de julio. Trump nombró a un asesor de Seguridad Nacional que recibió dinero de un órgano de propaganda ruso (como también lo recibe John Ackerman, asesor cercano de López Obrador). Trump designó como secretario de Estado a un empresario petrolero con múltiples intereses económicos con Rusia.

La trama rusa se ha colocado en el centro de la política norteamericana a raíz del despido del director del FBI, James Comey. La lucha por la destitución de Trump será larga y compleja. El millonario está acostumbrado a litigar.

Los resortes democráticos de Estados Unidos están vivos. Veremos si sirven para contener tiranos. Hasta ahora el papel de la prensa ha sido admirable, así como el del aparato de justicia y de las cámaras legislativas: han funcionado como un verdadero contrapeso. No han tenido un solo día de descanso. Siguieron la estrategia de impedir que Trump se apoderara y modificara las instituciones a su favor. Es muy temprano aún para saber si la tiranía podría ser expulsada del poder.

Se ha reactivado, por lo pronto, el espíritu democrático norteamericano. Muchos dirán que eso, refiriéndose a la tiranía, no podía ocurrir ahí, en los Estados Unidos. “Un patriota –afirma Snyder– dice que eso podría ocurrir aquí, pero lo impediremos”.

¿México sería capaz de enfrentar y derrotar a un tirano? ¿Dan para eso nuestras instituciones, nuestra prensa, la ciudadanía? Mirémonos en el espejo venezolano.

Twitter:@Fernandogr

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