Opinión

Energías renovables: ¿económicamente viables?


 
Desde hace varios años se ha planteado la necesidad de diversificar las fuentes de energía en México: reducir las provenientes de fuentes fósiles (sobre todo petróleo y gas) e incrementar las renovables o alternas, tales como eólica, solar, hidroeléctrica y biomasa, incluyendo biogás. No sólo se ha planteado como una estrategia que contribuya a reducir los efectos del cambio climático –objetivo sin duda loable–, sino para equilibrar la denominada “matriz energética” del país y disminuir gradualmente la dependencia de los hidrocarburos. Para ello, programas, planes e incluso legislaciones han ido y venido; sin embargo, poco se ha avanzado.
 
 
De acuerdo con información de la Secretaría de Energía, a septiembre de 2013 se contaba con una capacidad de generación efectiva de energía eléctrica de 53.1 mil megawatts (Mw), de los cuales 68 por ciento correspondió a termoeléctrica (gas y petróleo), 5 por ciento a carboeléctrica, 2.6 por ciento a nucleoeléctrica, 1.3 por ciento a geotérmica, 22 por ciento a hidroeléctrica y sólo 1.1 por ciento a otras energías renovables (eólica, solar/fotovoltaica y biomasa). Esa estructura no se ha modificado significativamente desde 2000; se incorporaron de manera marginal fuentes de generación con base en biomasa (581 Mw) e hidroeléctrica (142 Mw). En proyectos autorizados existen 2 mil 500 Mw de energías renovables; esto es, una capacidad adicional que representaría menos de 4 por ciento de la capacidad de generación total, aunque implicaría duplicar la que actualmente se produce vía esas fuentes.
 
 
La problemática para incrementar la producción de energía renovable radica en su costo, tanto de los equipos (inversión de capital) para generarla –aunque éstos se han reducido en los últimos años– como en el mantenimiento (gastos de operación), lo que varios países han compensado con subsidios. En el caso de México, hasta ahora se ha establecido como política pública no canalizar recursos fiscales a ese propósito, con excepción de algunos muy específicos y acotados: el costo de porteo o transmisión que cobra la Comisión Federal de Electricidad cuando se trata de generación independiente de fuentes alternas y que es inferior al correspondiente a la que se produce de fuentes fósiles; y los apoyos a fondo perdido que otorga Sagarpa para apoyo de equipos fotovoltaicos/solares para generación de electricidad y para biodigestores, que producen gas a partir de desechos orgánicos. En conjunto, a nivel anual los recursos federales destinados a esos propósitos no exceden 200 millones de pesos. En contraste, sólo el subsidio a la tarifa eléctrica para riego agrícola es superior a 12 mil millones de pesos.
 
 
En otros países, sobre todo los europeos, desde hace aproximadamente 15 años se establecieron políticas públicas para fomentar el desarrollo de fuentes alternas de energía que involucraron e desarrollo de mercados, de equipos y de una regulación ad hoc, así como sustanciales subsidios para sustituir la energía proveniente de los hidrocarburos. Por ejemplo, en el caso de la energía solar en España, en 2008 el gobierno garantizó una rentabilidad anual de 10 por ciento en esos proyectos e incrementó los precios pagados por energía solar hasta en 12 veces el precio de mercado de la electricidad. Con ello, la generación de energías renovables –no sólo la solar– se duplicó entre 2006 y 2012 y España se convirtió en el cuarto productor a nivel mundial. Sin embargo, los subsidios a energías renovables se dispararon: aumentaron de 193 millones de euros en 2007 a 8.1 mil millones de euros en 2012; esto es, 42 veces más. En el contexto de la crisis europea, y en particular de la española, ello se volvió insostenible. Para 2013 los subsidios se redujeron casi 70 por ciento, lo que ahora pone en duda la viabilidad de ese tipo de producción de energía.
 
 
Sin duda, la política de diversificación energética de México –más allá del atractivo ambiental que involucra– debe tomar en cuenta esas experiencias. Un primer paso debería considerar una reorientación de los subsidios que hoy se canalizan al consumo de electricidad doméstico y agrícola.
 
 
Twitter: @ruizfunes