Opinión

Energía y equilibrios

Sigue el proceso de las reformas, ahora en esta segunda etapa, más difícil porque concreta pérdida de privilegios a diversos grupos, como lo comentamos la semana pasada. Son tan complicados los equilibrios, que se ha preferido cambiar el orden y va primero la reforma política y después las dos económicas: telecomunicaciones y energética.

Tiene lógica este cambio por dos razones. La primera tiene que ver con los tiempos electorales, que obligan a que las reglas cambien en mayo, o ya no podrán ser aplicadas en el proceso electoral de 2015, y eso sería muy difícil de procesar en términos de legitimidad. La otra razón es que una reforma política tiene que ser aprobada por todos los partidos, porque se trata de las reglas con las cuales compiten. La tragedia del IFE en 2006 se gestó en una elección de consejeros mal procesada, sin consenso.

Las reformas de carácter económico no requieren consenso. Basta una mayoría en ambos casos, aunque indudablemente mientras mayor sea el apoyo es preferible. Sin embargo, no parece que sea posible pensar en esos amplios respaldos. En telecomunicaciones ya se vio de qué tamaño es el conflicto entre grupos de amplio poder económico y político, y qué fácil es movilizar opiniones públicas con simples señuelos. No ayudan las filias y fobias de los legisladores con respecto a las empresas, ni sus protagónicas personalidades. Es un buen ejemplo de por qué las leyes sólo requieren mayorías y no consensos. Nunca se podrían aprobar.

El paquete de la reforma energética parece ser mucho más complicado, porque se trata de modificar o crear dos decenas de leyes. No todas ellas tienen la misma dificultad, ni técnica ni política, pero ya se sabe que la izquierda no quiere aprobar nada en este terreno. Por ejemplo, después de una primera lectura, creo que podrían aceptar las nuevas leyes de PEMEX y CFE sin ninguna dificultad, pero es posible que esgriman el tema de los principios y opten por no participar, con lo que dejarán al PAN toda la palanca de negociación.

Como ocurrió en los primeros escarceos en telecomunicaciones, veremos que hay muchos puntos discutibles también en lo energético. Así como no es nada sencillo equilibrar intereses entre radiodifusores y organizaciones civiles, o entre empresarios privilegiados, o cumplir los caprichos de todos los que tienen voz, en lo energético será muy difícil equilibrar entre quienes defienden paraestatales y quienes prefieren empresas del Estado, o entre CFE y PEMEX (que tendrán algunas diferencias), o determinar si la nueva situación de Hacienda es preferible, o si el Fondo Petrolero podría ser mejor.

En principio, reitero, después de una primera lectura me parece que la estructura legal que se propone en materia energética tiene muchas posibilidades. Pero creo que los contratos no son claros, que la asimetría entre Pemex y los demás puede no ser adecuada, (lo mismo para la CFE), que se podría ser un poco más ambicioso en la transformación de las paraestatales en empresas, que la resurrección de la secretaría de Energía puede evitar algunas virtudes de la reforma. Habrá que escuchar las razones detrás de las propuestas. Y habrá que concentrarse en lo que una mayoría acepte, y nada más.

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