Opinión

Endeudamiento de estados

10 febrero 2014 5:24 Última actualización 17 julio 2013 5:30

 
 
Hemos mencionado en este espacio muchas de las cosas inverosímiles que suceden en México, que son como anécdotas del tipo de tanto va el cántaro al agua, hasta que se rompe, aunque los remedios, aun y cuando se tenga claro que algunas cosas van a terminar mal, se dan una vez ahogado el niño; esto es, tarde y mal. En todo esto quienes terminamos pagando somos quienes el organismo que tiene sus listas de personas activas invita mes con mes a cumplir con sus obligaciones.
 
 
Aquí también pasan cosas inverosímiles, como decir que se tiene un padrón de más de 40 millones de personas y ver que solamente unos seis millones pagan efectivamente impuestos. Los demás no existen, o si existen, el mencionado organismo le hace al ave migratoria y voltea la vista; pero si usted ya tuvo la desgracia de caer en sus garras, tenga por seguro que primero muerto, antes de que lo dejen de molestar todos los meses. Ni los bancos son tan efectivos cobrando a sus deudores morosos y por cierto, han llegado anécdotas a este pupitre del calvario que significa dar de baja a una persona difunta de sus listas.
 
 

Como en el país, otra cosa increíble, nadie le cree a nadie cuando va a hacer un trámite, el acta de defunción no es documento probatorio de nada. Con razón el difunto muy vivo que ganó en un municipio en Oaxaca. Con historias así se enriquece el anecdotario y nos da motivos para reír un poco, ya que fuera de esto, las demás cosas están para llorar.
 
 
Uno de los temas que sabíamos que había empezado mal e iba a terminar peor y ahora con las brillantes ideas de los diputados va a empeorar es el del endeudamiento de los estados y municipios. Tan sencillo que hubiera sido leer la Constitución en lo referente a las autorizaciones a la federación para endeudarse y copiarlo íntegramente, para dejar claro que sólo se permitirá que una entidad se endeude si demuestra que va a ampliar su capacidad productiva y que generará los recursos nuevos para cubrir el servicio de la deuda, sin comprometer el flujo actual.
 
 

Esto se hubiera podido haber fortalecido con algunas cláusulas que dejaran claro que quien recurra al engaño para conseguir una autorización, o quien acepte un cochupo de cualquier tipo para autorizar cuando no debe, se va al bote sin averiguación previa. Pero no, tenemos que empeorar las cosas; para ello estamos en México, cobramos dietas, sobre dietas, bonos, no declaramos impuestos ni presentamos declaración de situación patrimonial, al fin que tenemos fuero, ajúa.
 
 
Todo empezó el día en que algún funcionario vivo de quienes reparten presupuesto le dijo a algún gobernador y a su secretario de finanzas, que si no tenía recursos y le urgía terminar su palenque, que se endeudara. Corrieron los funcionarios a buscar a sus asesores financieros, quienes les aconsejaron poner orden a sus finanzas, llevar registros y hacer un plan, para lo cual asesorarían graciosamente para conseguir el fin deseado, haciendo surgir una nueva clase de zángano millonario, que son casi todos los despachos, oficinas y asesores que estructuran, reestructuran y colocan, deuda, así como quienes la califican. Con solo tener un flujo, el que sea, de participaciones federales, es suficiente para acceder a un préstamo.
 
 
La cosa se puso peor cuando se le exigió al denominado banco del federalismo que tuviera números negros en su operación y resultó, por increíble que parezca, que la banca comercial prestaba más barato que la oficial, más rápido y sin tanto gorro. Nada más había que tener la firma de un asesor perrón de inversiones, papel membretado de despacho reconocido y el visto bueno de una calificadora, previo moche por todos lados, para que el asunto fluyera sin problema.
 
 

Claro que una vez terminada la gestión de la administración que se había endeudado, lo primero que le decían al funcionario entrante es aquello de hay una noticia buena y una mala: la mala es que estás endeudado y no hay recursos en caja; la deuda vence pronto y si no haces algo, te va a caer en la cabeza como un rayo enviado por el arcángel protector de corruptos. Así que lo primero era buscar a un buen despacho asesor y de nueva cuenta empieza la historia que, al parecer, gracias a los amigos de San Lázaro, nunca va a terminar.
 
 
Por más que se hable de la soberanía de los estados y demás palabrería de discurso de campaña, la Federación debería meterse lo menos posible en esto, e insistimos, basta con exigir que se demuestre la capacidad para generar los recursos adicionales para pagar, en lugar de gastarse los que corresponden a los bebés que nacerán dentro de los próximos seis lustros.
 
 

Un poco de mayor prudencia, digamos, sería recomendable a las agencias calificadoras, pidiéndoles dejen de mirar sólo al flujo de participaciones y exijan a cambio un mayor porcentaje de ingresos propios dentro del presupuesto de egresos de cada año, lo que obligaría a gobernadores y tesoreros a hacer la chamba por la que se les paga y que ahora les subsidia la Federación, con cargo a nuestros bolsillos. Para cerrar esta descripción de atrocidades por aprobar, algo a lo que debemos oponernos a toda costa es a formar ese fondo para rescates. Nada más habrá que esperar a que acuda el primero, para que la fila se haga interminable y no necesitamos preguntar con cargo a quien.
rodartemario@hotmail.com