Opinión

Encuesta agropecuaria: confirma hipótesis y tendencias


 
La semana pasada el INEGI dio a conocer tres nuevos productos de información geográfica y estadística relevantes para el entorno sectorial de México: la “Demografía de los Establecimientos 2009-2012”; la renovación del “Directorio Estadístico Nacional de Unidades Económicas” (DENUE); y la “Encuesta Nacional Agropecuaria 2012”.
 
 
El primer producto permite identificar cuántas empresas se crearon y desparecieron en los últimos cinco años, lo que indica en el extremo –no es tema de márgenes de utilidad o de tasas de internas de retorno, sino de instalación de nuevas empresas o de quiebra de las existentes–, la viabilidad y rentabilidad entre sectores y regiones de la operación de las empresas. Por otra parte, las nuevas características del DENUE constituyen un avance hacia un directorio moderno de establecimientos económicos. Su utilidad, que no sólo es estadística sino de información para hacer negocios, recaerá en las propias empresas que, cuidando aspectos de confidencialidad, se sumen a ese esfuerzo proporcionando información actualizada y confiable de manera recurrente.
 
La Encuesta Nacional Agropecuaria (ENA) reporta información de 29 cultivos anuales y perennes así como de cuatro especies pecuarias entre 2011 y 2012, que representan más de 80 por ciento del valor de la producción de ese sector, y constituye un esfuerzo del INEGI para corregir el desastre del Censo Agropecuario que se levantó en 2007 y cuya utilidad fue casi nula por las deficiencias que presentó, en especial, como herramienta para focalizar las políticas públicas para el sector. Sin duda, también será un instrumento para orientar la colecta de información que realiza la Sagarpa con múltiples problemas, a través del Sistema de Información Agroalimentario y Pesquero (SIAP), ya que depende de lo que reporten los Centros de Atención para el Desarrollo Rural (Caders) en los que existen grandes carencias técnicas y de personal, con lo que suele “inventarse” la información para reportarla al SIAP.
 
Los resultados de la ENA ratifican diversas hipótesis sobre las características del sector agropecuario: a nivel nacional se siembran casi 22 millones de hectáreas, de las cuales 36 por ciento corresponden a maíz; casi 20 por ciento de esa superficie es de riego (se suponía que era menos de 15 por ciento), con una mayor tecnificación que hace cinco años; hay un uso creciente de tecnologías agrícolas como fertilizantes (en 65 por ciento de la superficie sembrada), herbicidas químicos (62), tractores (49), abonos naturales (40) y semillas mejoradas (30 por ciento), porcentajes muy superiores a los que se estimaban, lo que señala una mayor tecnificación del campo. También se confirma el envejecimiento acelerado de los productores agropecuarios: 76 por ciento tiene más de 45 años, aspecto grave y no atendido por las políticas públicas. El campo está perdiendo el atractivo como negocio y fuente de ingreso para los jóvenes.
 
Por otra parte, la encuesta también revela nuevas problemáticas, o bien, rezagos que se han acentuado: 75 por ciento de los productores destinan total o parcialmente su producción al consumo familiar, esto es, la orientación comercial y de negocios en el sector es todavía limitada; sin embargo, se registra una disminución de los familiares que participan en la actividad agropecuaria, lo que ha generado que aumente la contratación de jornaleros temporales y que implica que el productor paga a terceros para mantener a su familia. La encuesta ratifica la ineficacia de la banca en el sector agropecuario: sólo 17 por ciento de las unidades de producción recurren a la de desarrollo y por ciento a la comercial. En contraste, 36 por ciento se financia con cajas de ahorro popular y 18 por ciento con otros intermediarios financieros no bancarios. Sin duda, nuevos elementos de información sectorial son de gran utilidad para reorientar las políticas públicas. Ojalá las autoridades y los productores los utilicen para una mejor toma de decisiones.