Opinión

Encuentra científico mexicano una solución contra la piratería

El personaje central de esta columna es científico, investigador del Sistema Nacional de Investigadores nivel 2, de los que habrá 2 mil en todo el país.

Ha desarrollado varias patentes entre las cuales está un sistema que evita en un accidente que un tanque de gas descontrolado contribuya con una explosión a que los daños sean mayores. Cuando el dispositivo detecta que la conexión natural entre tanque y punto de uso se ha dañado, inmediatamente corta el abastecimiento del gas. El inventor de este dispositivo regala al Gobierno de México el uso libre de la patente con tal de que se eviten muertes y destrucción. La válvula pudiera costar 30 pesos.

Pero de ese invento no escribimos hoy. Hoy toca un invento que pone un serio obstáculo a la piratería, en donde México ocupa muy destacado lugar a nivel internacional, a extremos de colocar a nuestro país como segundo en la lista y provocar daños que las principales industrias afectadas estiman en no menos de 75 mil millones de dólares y hasta 125 mil millones de dólares anuales.

Para el doctor Carlos Hernández Suárez el asunto tiene solución, sobre todo si se incorporan las nuevas tecnologías móviles al alcance de muchos mexicanos. El invento, registrado ya, se basa en dos códigos QR. Vamos a un ejemplo: un frasco de medicina. El frasco tiene un “fuera” (el frasco) y un “dentro” o interior del envase.

Un escaneo al código QR ( ese cuadro con espacios blancos-negros o matriz de puntos, que contiene información para quien lo escanea y lo incorpora a su dispositivo móvil) del exterior del frasco le puede determinar a usted que el producto es original o no. Supongamos que la lectura le afirma que ese frasco es original. Pero pudo haber sido rellenado con producto farmacéutico pirata. Para quien compra el producto una vez abierto el frasco debe de escanear el QR que se encuentra en el interior del frasco, generalmente en el tapón del frasco de medicamento.

Cuando el consumidor escanea el segundo QR o código interno inhabilita el código exterior, con lo que si ese frasco intenta ser usado inmediatamente será informado al consumidor que el contenido es probable que no sea legítimo. Esto permite conocer si un producto es pirata.

Para el caso de camisas o tenis opera un sistema similar al que usan los bancos para informar al cuentahabiente de su clave de acceso a cajeros automáticos. Debe existir una doble etiqueta que juega las veces de etiqueta externa o interna.

El invento debidamente probado ya ha demostrado su eficiencia e implica para las empresas que lo incorporen centavos de pesos en inversión por cada frasco o producto, inversión mínima con relación al costo que tiene para estas empresas la piratería.

La solución viene de un mexicano doctorado en matemáticas graduado en la Universidad de Cornell y amigo de premios Nobel y muy cercano del doctor Carlos Castillo Chávez, uno de los mexicanos con mayor prestigio en el ámbito científico norteamericano, participante en el comité de evaluación del Premio Nacional de la Ciencia estadounidense quien llegó a Estados Unidos como “mojado” y hoy es pieza clave en las políticas de estímulo a la investigación científica norteamericana.

Para muchos mexicanos que Carlos Hernández Suárez sea mexicano es motivo suficiente para no creer en su invento. ¿Permitiremos una vez más que el asunto se concrete en el extranjero para que importemos una solución con frenesí por el simple hecho de ser extranjera?

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