Opinión

Encontrar el amor

     
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Encontrar el amor. (Schutterstock)

Escucho en muchos pacientes el anhelo de encontrar un amor verdadero y profundo, pero al mismo tiempo una enorme desesperanza de que pueda ocurrir. Algunos hombres y muchas mujeres expresan dudas sobre ser capaces de despertar amor verdadero en alguien. Que ya no queda casi nadie que quiera comprometerse es una creencia común, sobre todo respecto de los hombres. También los terapeutas tenemos la culpa de la desilusión: sostenemos que quienes quieren tener pareja pero están solos, hacen inconscientemente todo lo posible por alejar amores potenciales. Aunque aparentemente quieran, no quieren, diagnosticamos. Y caemos con frecuencia en el error.

Entre los aspirantes a enamorarse, pesa el estigma de la soledad y de la autodevaluación. Muchos están convencidos de que hay algo mal en ellos, que quizá no son atractivos ni buenos compañeros sexuales, que tal vez tienen mal carácter, que quizás es cierto y prefieren la soledad a la compañía, que posiblemente son adictos al trabajo e incapaces de disfrutar de otras actividades más lúdicas y compartidas, que quizá sus intensidades emocionales espantan en lugar de seducir. Los otros juzgan de inmediato a alguien que lleva mucho tiempo divorciado y sin pareja o a una mujer de 35 que no se ha casado. Los prejuicios suelen despojar a las personas de su capacidad intelectual.

Quienes buscan el amor, a veces obsesivamente, se sienten fuera de forma, fuera de onda, torpes para ligar, sosos para conversar, poco interesantes, tímidos, asustadizos, inseguros. Salir a evaluar y a ser evaluado por otra u otro en una cita, es una prueba que algunos prefieren ahorrarse y que otros enfrentan a pesar de sus miedos.

Siempre que escucho que alguien dice estar listo para el amor, siento que hay algo que no está pudiendo decir. Siempre me conmueve el deseo de amar y ser amado, disfrazado de meta o de propósito de Año Nuevo. La gente se cuenta muchas mentiras para sentirse menos vulnerable. Es más fácil, tal vez, decir que están listos para trabajar en encontrar una pareja que confesar que se sienten muy solos y que la presión social de su familia, amigos y compañeros de trabajo les pesa. Poder aceptar que hace mucho o quizá nunca han tenido una relación amorosa “estable”, duele.

Claro que no sobra revisar en una terapia la capacidad de confiar, las expectativas que sobre el amor se tienen, las heridas de infancia y las ganas de repararlas encontrando el amor, o la capacidad para comprometerse en un pacto amoroso; sin embargo, el trabajo terapéutico tiene por objetivo central el autocuidado, la autenticidad, la claridad en las intenciones, la serena aceptación de lo que no puede cambiarse y el fortalecimiento del yo para cambiar lo que sí es posible.

Quizá también habría que preguntarse si encontrar el amor es la gran cosa que solemos pensar que es, porque eso nos ha enseñado la cultura. O sólo es una más de las dimensiones que vuelven de la vida un lugar mejor. La accidentada, escasa o nula vida amorosa no es un fracaso existencial ni una asignatura reprobada.

Tal vez los vínculos de pareja no son para todas las personas. Disfrutar la cercanía extrema que se desprende del amor no es disfrutable para todos. Hay quien valora por encima de todo sus ratos de soledad, o el orden y la disposición de las cosas de su casa sin lo cual se siente perdido. Negociar cercanía y distancia, uso del tiempo libre, acuerdos y desacuerdos sobre la frecuencia de la vida sexual, compartir un espacio, una cama, unas vacaciones, la vida, son experiencias que están idealizadas y por tanto despojadas de realidad. Encontrar a alguien se trata de estar dispuestos a aceptar que no es posible tenerlo todo al mismo tiempo y que siempre habrá algún hueco que se quedará sin llenar. Encontrar a alguien significa haber hecho la paz con uno mismo: con la apariencia física, con las neurosis o tendencias al mal humor, con las ganas de llorar por todo, con la necesidad de ser cuidado, con la dificultad para reconocer errores. Con nuestra humanidad defectuosa que no nos hace menos dignos de amor.

Me encantaría poder asegurarles a los pacientes que encontrarán a alguien, pero nadie puede estar seguro de algo así. Lo que más me gustaría es que entendieran que la necesidad de buscar y encontrar, es algo que está adentro de nosotros y que si se cultiva se transforma en amor propio y que quizá, si se transfiere a la fantasía del otro idealizado, se frustre y se convierta en desesperación.

Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa. Conferencista en temas de salud mental.

Twitter: @valevillag

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