Opinión

Encadenada al euro

   
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Ilustración Krugman Encadenada al euro

Un titular reciente de Bloomberg: “Finlandia nunca debió haberse unido al euro, dice el ministro de Relaciones Exteriores”. Efectivamente.

Hasta hace poco, España era el país que ejemplificaba por excelencia la crisis del euro, una nación que básicamente no hizo nada malo con respecto a sus políticas, pero que resultó gravemente afectada por enormes influjos de capital que posteriormente se frenaron por completo, dejando al país con la necesidad de una devaluación interna extremadamente costosa. La economía de España recientemente se ha recuperado un poco, pero porque el país ha dejado de imponer medidas de austeridad cada vez más estrictas y porque la deflación relativa finalmente ha empezado a producir algunos resultados. Pero ha sido un proceso enormemente costoso.

Sin embargo, Finlandia tiene el tipo de problema que ha tenido preocupados a los euroescépticos: las exportaciones del país sufrieron recientemente un golpe idiosincrático como resultado de la caída de Nokia y de la débil demanda de productos forestales. La última vez que Finlandia experimentó este tipo de impacto, a raíz del colapso de la Unión Soviética, pudo protagonizar una fuerte recuperación devaluando su moneda. En esta ocasión, eso no era opción.

Por tanto, el canciller Timo Soini tiene mucha razón: Finlandia no debió haberse unido a la eurozona. Desafortunadamente abandonarla es mucho más difícil que nunca haber ingresado.

Desdén en España
A los defensores de la austeridad últimamente les ha dado por citar a España como una historia de éxito. De hecho, tal como otros y yo hemos argumentado, el crecimiento reciente de España refleja la combinación de una nivelación de la austeridad y los efectos lentos de una devaluación interna muy dolorosa (David Rosnick y Mark Weisbrot, economistas del Centro de Investigación Económica y de Política, presentan un análisis más detallado en un documento que se encuentra aquí).

Además, si analizamos niveles en lugar de tipos de cambio, la situación sigue siendo terrible. Y (sorpresa, sorpresa) los votantes españoles no parecen entusiasmados con la situación: el 20 de diciembre, los votantes abandonaron en gran parte a los dos principales partidos políticos del país, dejando a España sin una mayoría gobernante.

No tengo idea de cómo va a salir todo esto; aparentemente, toda estructura posible de gobierno nuevo es imposible, excepto en comparación con todas las demás. Y el euro efectivamente impone una camisa de fuerza sin importar lo que digan los votantes. Pero los comentaristas que se están preparando para brindar por la reivindicación de la austeridad quizás quieran volver a poner la cava en el refrigerador.

Twitter: @NYTimeskrugman

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