Opinión

¿En qué momento se marca el rumbo de una vida?


 
 
¿Fecha de nacimiento? 28 de junio de 1973 o 18 de noviembre de 1970. No importa. En un año u otro fue bebé y, como todos los seres humanos, indefenso e inofensivo durante sus primeros 60 meses.
 
Se sabe poco de su infancia. En las mínimas referencias periodísticas que ahora se multiplican por todas partes se dice que en la adolescencia lavaba autos y que en esa época empezó a ser mensajero del grupo delictivo Los Tejas, en Nuevo Laredo.
 
La vida es una sucesión de episodios. ¿En qué momento se quiebra?
 
Todos nacemos iguales, incapaces de valernos por nosotros mismos. Alguien tiene que ocuparse de nosotros, imposibilitados de buscar alimento, de cubrirnos, de protegernos.
 
 
En comparación con otros seres vivos, los seres humanos tardamos mucho tiempo para poder ser autónomos. Y cuando empezamos a serlo, resulta que ya estamos incrustados en uno de los muchos mundos del mundo.
 
 
¿Qué episodio marca el rumbo? ¿El primer reconocimiento, el primer regaño, la primera agresión, el primer premio?
 
 
Cada quien se hace cargo de su vida. En el tiempo adulto nadie puede evadir la responsabilidad de sus actos. Pero hay episodios que marcan en los primeros años.
Frente a nosotros están millones de niños y jóvenes. Ellos necesitan impulso, aliento, orientación, valores, anhelos.
 
 
Casi siempre nos acordamos de los episodios que nos marcaron. Casi nunca nos damos cuenta de cómo nuestros actos pueden marcar a otros, especialmente a niñas, niños y adolescentes.
 
 
 La actitud despectiva o sobreprotectora, el desprecio o el respeto, la agresión o el cuidado, el insulto o el reconocimiento, la humillación o la valoración, el discurso o el ejemplo.
 
 
Somos responsables de los niños y jóvenes de nuestro país y del mundo. Cercanos o lejanos en el afecto, parientes o vecinos, conocidos o desconocidos.
 
 
No podemos resolver el mundo, pero sí atender la porción que nos corresponde.
 
 
Con esta certeza, hoy me propongo alentar a un niño, impulsar a un joven o reconocer el esfuerzo de una adolescente.
 
 
Hoy me propongo escuchar y atender al niño que me hable, al joven que me necesite, al estudiante que me consulte. Me propongo halagar sinceramente, encontrando honestamente aciertos, el dibujo de una niña, el texto trompicado de un aspirante a poeta, el regate de un niño en una cancha de futbol.
 
 
Hoy me propongo hablarle sin remilgos ni excesos al niño que me pregunte, al joven que me reclame, al adolescente que me comparta sus dudas.
 
 
No voy a dedicar el día a buscar estos encuentros pero respetaré al ser humano de cualquier edad y condición que las circunstancias me acerquen.
 
 
No será mucho lo que logre, pero si usted decide hacer lo mismo, y si otro lo hace también, entonces será más. Y si lo hacen muchos más, será mucho más.
 
 
En cada hora somos protagonistas de episodios de vida. Algunos nos marcan. Con algunos marcamos a otros.
 
 
Sin pretensiones de salvadores, sin soberbia, sin fantasías de infalibilidad, sin afanes vacuos, podemos hacerlo.
 
 
No será mucho, pero lo será. Nunca sabremos en qué momento estamos participando en el quiebre determinante de una vida, ni sabremos si con una palabra o una acción estamos marcando un rumbo. En todo caso, es mejor estar alertas.