Opinión

¿En qué estabas pensando?

 
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Facciones. Desesperación. Rostros. Preocupación. (Reuters)

Es una de las preguntas más simples y, sin embargo, es tan abierta que las respuestas son incontables. Los pensamientos podrían clasificarse en grandes, como cuando alguien imagina caminos para resolver un problema grave, o se preocupa por un hermano enfermo o por un amigo deprimido al que no sabe cómo ayudar. O pequeños, como qué hacer de cenar, comprar el mantel blanco o el rojo, elegir una película para ver el viernes por la noche, el cielo hoy está muy azul, cuánto tráfico, qué cansancio. Tristes, sobre las oportunidades que dejamos pasar, la distancia insalvable que nos separa de alguien que un día fue muy cercano, la enfermedad, los muertos, la existencia de la maldad.

Otros son preocupantes: pensar en el futuro de los hijos, del planeta, de una relación laboral o amorosa.

Los oscuros, cuando pensamos que nadie nos ama, que sería mejor no despertar, que odiamos a todos o imaginar que somos capaces de hacer cosas horribles y aterrorizarnos al pensarlo.

¿Qué pensamos sobre los pensamientos? ¿Pensamos que están relacionados con los deseos, que son un reflejo de la personalidad, que son una revelación de quiénes somos en realidad?

En la tradición freudiana, los pensamientos tienen un significado. Son la punta del iceberg. Una manifestación de algo más profundo, que subyace al pensamiento concreto y consciente.

Estas cosas que usted piensa significan estas otras, es una descripción sencilla de la interpretación psicoanalítica. Si alguien ha estado pensando de forma recurrente en una etapa de su pasado, podría explorar y describir vívidamente esa parte de su vida, así como los acontecimientos recientes, hasta encontrar alguna conexión o alguna explicación o simplemente una interpretación de los recuerdos.

Existe otra escuela de pensamiento, que afirma que no debemos confiar en nuestros pensamientos y que si son negativos, deberíamos retarlos, contradecirlos y no creer que pensar en algo nos obliga a explorar en las profundidades del significado. Esta forma de pensar sobre los pensamientos ha recibido el nombre de Terapia cognitivo conductual, que ha probado ser eficaz en el tratamiento de algunos trastornos específicos, como el obsesivo-compulsivo, fobias diversas y ansiedad focalizada a ciertos lugares, horas o situaciones. Los teóricos cognitivo-conductuales sostienen que los pensamientos no revelan nada profundo sobre las personas.

Otra forma de pensar sobre el pensamiento se conoce como Terapia de la tercera ola. Una de sus escuelas más importantes es la de la atención plena, que propone que no deberíamos enfrentar nuestros pensamientos con tanta seriedad, porque a veces no tienen ningún significado y simplemente aparecen. La atención plena (mindfulness, en inglés) es una forma de meditación que ayuda a las personas a observar sus pensamientos, sin rechazarlos, pero sin aferrarse a ellos tampoco.

Observar los pensamientos, dejarlos fluir y no tratar de hacerlos desaparecer. Sólo se trata de moverlos de lugar para que no sean el foco principal de la atención.

Usted podría pensar que no es suficientemente valiosa, ni delgada, ni inteligente, o que es demasiado débil, o vieja, o joven o fea. Si no toma demasiado en serio estos pensamientos, quizá pueda colocarlos en un lugar menos protagónico, desde el cual tendrán menos poder para dañarle y le permitirán sentirse libre.

Pensar sobre los pensamientos es uno de los movimientos más interesantes de la psicoterapia en los últimos años. Sólo los fanáticos piensan que los pensamientos siempre son reflejo de algo más profundo, o que los pensamientos negativos deben combatirse hasta ser desalojados de la mente, o que nunca deben ser tomados en serio porque muchas veces no significan nada. Todo depende del pensamiento específico, de la persona, sus características, su circunstancia y del impacto que tenga en el bienestar.

Twitter: @valevillag

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