Opinión

En qué cabeza cabe

Gil abandona los “Tres palos” y regresa simple y llanamente a “Uno hasta el fondo”. Así lo imponen el tiempo y el final de la Copa del Mundo. Todos los aficionados al futbol saben que así como hay síndrome postraumático, existe la depresión postmundial. Este padecimiento hunde a los buenos aficionados en tristezas inexplicables y deseos irrefrenables (bles-bles) de ver repeticiones, incluso un juego de Irán contra Bosnia, o Grecia vs Japón, o Corea vs Rusia; algo, un recuerdo, una astilla de la memoria. En fon.

No se trata de futbol, pero sí de que en la Delegación Miguel Hidalgo ruede una cabeza. Gamés lo leyó en su periódico El Universal en una nota de Jorge Ramos. El subdirector de servicios al público, Rafael del Val Ruiz, autorizó por órdenes superiores la fiesta de cumpleaños de la actriz (es un decir) Claudia Cervantes en la Rotonda de las Personas Ilustres del Panteón Dolores. Del Val fue cesado de modo fulminante. En una grabación, Del Val y otra persona hacen referencia al hecho de que en la Delegación Miguel Hidalgo no se mueve ni un dedo sin la autorización de Víctor Hugo Romo. Del Val afirma que lo despidieron por hacer bien su trabajo y que “Romo está muy divertido porque los medios grandes lo pelan”. Pues que no lo vayan a pelar de más al delegado, de por sí su reputación no es de hierro forjado.

Lady Panteón

Ni aguantan nada, medita Gil. Reventarse un danzón sobre la tumba de Ignacio Manuel Altamirano, ¿a quién ofende? Brindar en el sepulcro de José Juan Tablada, ¿malo? Realizar una fiesta privada en un lugar público, ¿está mal? Además todo queda entre artistas: Claudia Cervantes, mju, mejor conocida como Lady Panteón, junto a María Izquierdo y Melchor Ocampo. Pas mal. La verdad es que hay unos hombres ilustres muy aburridos. Con don Jaime Nunó, Gilga no se tomaba ni una cerveza Indio. Y qué le dicen a Gamés de Nabor Carrillo, si revivieran los ilustres, don Nabor los mata de tedio. Llevarles una fiesta de corte espectáculos de Televisa, con todo el talento que caracteriza a los actrizos y las actoras, o como se diga, a Gil le parece un gesto de generosidad con los próceres.

Gil propone lo siguiente. Que Lady Panteón responda a tres preguntas de personas que han recibido cristiana sepultura en La Rotonda: primera, ¿quién es Rosario Castellanos? Así, muy general, para que no digan que hay abuso. Segunda, ¿quién fue María Izquierdo? La tercera, un regalo, ¿quién fue José Clemente Orozco? Si Claudia responde a las tres preguntas, se le permite festejar su cumpleaños 36 en el recinto dedicado a Benito Juárez del Palacio Nacional y dormir en la cama del Benemérito con quien ella decida, incluso faire l’amour. Gil jura y perjura que Claudia no responde ninguna de las tres. Doble contra sencillo. Cervantes declaró en Radio Fórmula: “Estuvo divertidísimo. Es el cumpleaños más original que he organizado”.

Romo

A Romo también convendría hacerle tres preguntas, menos fáciles pues en su calidad de delegado su cultura general debe ser filosa como un cuchillo de carnicero. Señor delegado, responda pronto y bien: ¿puede usted gritarle al mundo una obra de Ignacio Manuel Altamirano? Segunda, delegado: ¿es usted capaz de citar un título de la obra de Guillermo Prieto? Y la tercera: ¿quién fue y en qué época vivió Manuel M. Ponce? Gil asegura que se perlaría la frente del delegado Romo (ya quedamos en que una frente que se respete debe perlarse).

Gil se incorporó del mullido sillón y caviló: ¿por qué rayos una actricita y un delegado tendrían que respetar un lugar que no conocen y donde se han puesto los restos mortales de unos señores y unas señoras que sepa la bola quiénes sean? Si saben, malo; si no saben, peor.

La máxima de Mae West espetó dentro del ático de las frases célebres: “He perdido mi reputación, pero no la echo en falta”.

Gil s’en va