Opinión

En Michoacán frenaron una asonada paramilitar

José Manuel Mireles no dejó otra alternativa que detenerlo a él y a sus escoltas. Retó al Estado y se equivocó.

El líder de los guardias armados creyó que no lo iban a tocar. O que si lo apresaban las multitudes lo iban a seguir hasta hacer tambalear al gobierno federal.

Si el gobierno federal dejaba que Mireles siguiera con su levantamiento armado y el plan de tomar la capital de Michoacán, tenían que irse el comisionado Castillo y todas las autoridades locales.

Y después de tomar Michoacán, ¿qué seguía doctor Mireles?

En Michoacán se frenó un levantamiento en armas contra México, en tanto República federal.

Cuando la mañana del jueves unos 300 hombres armados llegaron en camionetas al poblado de La Mira, encabezados por José Manuel Mireles, éste declaró a los medios que “estamos retomando este lugar con la intención de llegar a Lázaro Cárdenas y de ahí a Morelia”.

Es decir, la confesión abierta del líder del grupo armado era tomar la capital del estado. Apropiarse, por la vía de las armas, de la sede de los poderes de Michoacán.

Ningún gobierno puede tolerar un reto de esas dimensiones, porque ceder ante un grupo armado es abdicar a la función de gobernar.

Cruzarse de brazos y dejar hacer, era el preludio de una guerra civil.

El grupo armado con más audacia podría tomar la capital estatal que quisiera, al cabo que el gobierno no respondía.

Mireles se propuso tomar el puerto de Lázaro Cárdenas y luego la capital estatal, Morelia.

De admitirse esa lógica, cualquier otra organización armada podía avanzar hacia la toma del puerto de Veracruz y del Distrito Federal.

Lo que hicieron los levantados en armas fue una locura, y deben agradecer que en el sofocamiento de su asonada no hubo disparos ni exceso de fuerza.

Ahora Mireles tendrá que pagar caro su desplante, que no es otra cosa que sedición armada en contra de las instituciones de la República.

En Michoacán hay una estrategia para retomar el control del Estado, coordinada por el secretario Osorio Chong y el comisionado Castillo, en la que han sido detenidos casi todos los jefes de Los Caballeros Templarios.

Se ha recuperado, para la Federación, el control el puerto de Lázaro Cárdenas por donde Los Templarios sacaban millones (sí, millones) de toneladas de mineral de hierro.

Está preso en un penal de máxima seguridad el exsecretario de gobierno, Jesús Reyna García; fue relevado el gobernador Fausto Vallejo; uno de sus hijos está siendo procesado, y hay alcaldes y secretarios de Finanzas presos.

No es juego el programa de pacificación de Michoacán. Falta mucho por hacer, es cierto, porque el abandono fue gigantesco, producto de una clase política que le entregó el poder a la delincuencia organizada.

Justo ahora, que se intenta poner orden y se tocan intereses para alcanzar ese objetivo, Mireles se levanta en armas contra las instituciones. ¿Para quién trabaja?

Se equivocó y se lo buscó. Su aprehensión y reclusión son una buena noticia en el largo camino para pacificar y normalizar la vida cotidiana en Michoacán.