Opinión
LISA SÁNCHEZ, EXPERTA EN SEGURIDAD

“En México se tiene que dar una lucha cultural”

    
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Lisa

Lisa Sánchez es la única hija de una madre soltera por decisión propia, que no soltó esa segunda oportunidad que a veces da la vida. Su primer matrimonio había sido violento. Por eso decidió que no quería un segundo, pero sí un hijo. El padre de Lisa estuvo de acuerdo en que no tendrían una vida en común, y que él no interferiría en la vida de ambas.

Esa mujer, fuerte y entregada a los demás, “con la brújula ética muy bien calibrada”, fue y es ejemplo para Lisa.

En el Colegio Madrid despertó su consciencia: la guerra, el fascismo y el ejercicio de los derechos la inquietaron, pero no entendió, hasta mucho después, cuando comparó su experiencia escolar con la de sus pares, sus colegas en el trabajo y sus amigos, que ella tenía “integrados” mecanismos de resolución de controversias y de expresión de inconformidades que le parecían muy naturales. Para los demás no lo eran tanto: “Yo era la única niña que regresaba a casa llorando porque uno de mis compañeros había sido grosero con el señor de la basura; ese tipo de cosas siempre me dolieron”.

En la adolescencia, Sánchez se interesó por la problemática específica de su generación, por ejemplo, la epidemia del VIH-SIDA. Pronto se inició como activista en derechos sexuales y reproductivos. También creció de manera vertiginosa: a eso la obligaron las enfermedades y muertes consecutivas de su abuela, su madrina (que dejó al cuidado de Lisa a su bebé de un año) y su abuelo. Entre los ocho y los doce años, prácticamente vivió en hospitales. “Todo fue para bien. Mi situación hizo de mí una mujer independiente. Nada me da miedo: una carga abrumadora de trabajo o defender causas como la de las drogas, la presencia de militares en las calles o las grandes reformas de justicia. Quizá para mal debo decir que me volví un poco cínica y mucho más seria. Me dejó de gustar la fiesta mucho antes que a mis amigos. A mi generación le parece que nos queda una década de desmadre por delante”.

Como estudiante de Relaciones Internacionales, Lisa Sánchez se volvió una máquina de trabajo. Su disciplina y capacidad de organización se las debe a sus años de formación en el TEC. Las dudas que la hicieron renunciar a estudiar una carrera más “redituable”, y que desaparecieron gracias al consejo de un profesor de la preparatoria, fueron despejadas del todo con la decisión de trabajar en un sector más formal, “menos ONGero”.

De entrada, quería entrar al cuerpo diplomático mexicano. Pero se fue a de intercambio a Francia y un año de prácticas profesionales en la embajada de México en París fue suficiente para desilusionarla. La política exterior era rígida y burocrática, muy distinta a lo que había pensado, así que de vuelta en México se dedicó a dar clases y a una ONG internacional con sede en Suiza, la Sociedad Internacional del Sida. Aprendía de activistas de todo el mundo, que protegían a las minorías más rechazadas: las trabajadoras sexuales, los usuarios de drogas, las poblaciones móviles, los indigentes, las mujeres negras.

Sánchez hizo dos maestrías, en Ciencia Política, en la Sorbona y en Administración Pública, en la London School of Economics. No eligió la academia, pero le importa cumplir con el rigor que impone. “Soy una control freak”.

También pasó por la administración pública. En la SEP, en un proyecto del Imjuve, que fue uno
de esos desastres de las administraciones panistas: “El gobierno estaba empujando una agenda procatólica de juventud”. En la Secretaría de Salud, más o menos lo mismo: “Yo lideraba el proyecto de reducción de la demanda de drogas más grande de la Iniciativa Mérida, pero era muy frustrante trabajar en una secretaría tan conservadora en el tema de drogas”.

En paralelo, había fundado Espolea, una ONG formada por jóvenes dedicados a temas de salud, sexual reproductiva, VIH, género, participación política y drogas, y ya dominaba temas como la despenalización y la legalización. Cuando renunció a Salud, recibió una oferta de México Unido Contra la Delincuencia, que hasta entonces no se había sumergido en asuntos de drogas. Le ofrecieron una hoja en blanco, financiamiento y libertad. La organización quería impulsar la legalización de los mercados pues en la ilegalidad, cualquier esfuerzo en materia de prevención del delito estaba condenado al fracaso. “Así regresé al mundo de las ONG’s, que es donde siempre debí haber estado”.

Uno de sus primeros esfuerzos fue en materia de comunicación. “El lenguaje importa. Había que empezar porque los medios dejaran de hablar de liberalización de las drogas y se centraran en que las drogas debían regularse. Es una batalla que creo ya más o menos está ganada”.

Exbailadora de flamenco (se lesionó las rodillas de cierta gravedad) y fanática de la música de la generación de su madre –Elvis, los Beatles, los Rolling Stones–, Sánchez fue una del grupo que lanzó, y ganó, el primer proyecto de litigio estratégico sobre mariguana que terminó en la Suprema Corte. Ahora es, junto a contadas mujeres como María Elena Morera y Catalina Pérez Correa, una autoridad en asignaturas como seguridad y drogas:

“Me cuestionaban mis credenciales académicas, me cuestionaban porque era mujer, por supuesto, y porque estaba muy chiquita”.

Lisa Sánchez tiene todo por delante. Tiene 33 años. Dice que no retrocederá en la conquista de la agenda de seguridad y de justicia, hasta que se materialice en leyes y políticas:

“Y hay una lucha cultural que tiene que dar este país en la cara de los Trumps, en la cara de los frentes nacionales por la familia y en la cara de estas oleadas ultraconservadoras de restricción de libertades y de derechos. Yo me veo en esa cruzada. Y después quién sabe, después quizá venga lo personal, en lo que nunca pienso”.

Y ponderar si quiere una carrera en la política, “aunque mientras más averiguo sobre los moches y a la corrupción, soy más reticente a involucrarme en la política formal; por otro lado, también pienso en todo lo que podría hacer yo si estuviera ahí. Sigo en esa dicotomía. Supongo que en unos diez años tendré una visión distinta”.

Twitter: @scherermar

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