Opinión

En memoria

19 octubre 2017 5:0
 
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Gonzalo

Gonzalo Martínez Corbalá siempre se distinguió, no sólo por su gran personalidad, por su porte y elegancia. Su atractivo era mayor a su grata presencia. Porque cautivaba su inteligencia, su bonhomía, pero sobre todo la defensa de sus principios. Era político culto, con visión de Estado, carismático y de compromiso con las causas populares. Ingeniero civil de la UNAM combinó el servicio público y la diplomacia. Se inició con Lázaro Cárdenas, participó con varios Presidentes y fue jefe de Carlos Salinas.

Embajador en Chile vivió el golpe de estado de Augusto Pinochet al gobierno legítimo de Salvador Allende. La residencia y la embajada fueron rodeadas por los golpistas. Expuso su propia vida, escondiendo chilenos en la cajuela de su auto para darles asilo, o enfrentado a los soldados que cortaron cartucho en la persecución de dirigentes. Vio morir a jóvenes que buscaban acceder a la embajada. Batalló para convencer a Pablo Neruda de aceptar asilo en México, pero el poeta falleció antes de la partida. Pudo proteger a Hortensia Bussi de Allende y su familia. Salvó más de 700 vidas con gran valentía y honró la diplomacia mexicana, sin nunca reconocer al gobierno espurio. Más de 2,400 chilenos pudieron salir con visa mexicana. Fue reconocido en 1992 con la Orden al Mérito de Chile restaurada la democracia.

Posteriormente Michelle Bachelet, en 2015, le rindió homenajea él y otros diplomáticos mexicanos por el apoyo brindado al menos a 12 mil chilenos en el exilio.

Fue embajador en Cuba y su gestión permitió mantener lazos solidarios con Fidel Castro, pese a presiones de Estados Unidos ante la crisis del éxodo desde Puerto Mariel. Fue Embajador en Misión Especial en Colombia, Perú, Argentina, Brasil, Venezuela, Argelia, Egipto, Arabia, Tanzania, Kenia y Líbano. Fue Presidente del Consejo Mundial por la Paz, Senador de la República, y obtuvo distinciones como la de Caballero de la Gran Cruz de la Real Orden de Isabel La Católica.

Yo lo conocí en la UNAM, con mi tío Ricardo Guerra. Luego lo traté como mi compañero diputado en la histórica LIV Legislatura, y tras el incendio, nos refugiamos en auditorio del Centro Médico del IMSS. Las condiciones eran difíciles para el trabajo, pero Gonzalo cuidaba de las diputadas. Caballeroso siempre, nos procuraba a Luz Lajous, María Elena Chapa, a mí y otras más, con diversas atenciones. Su plática ilustraba, obligaba a reflexionar, siempre crítico, a veces incómodo para políticos tradicionales de los que abundan en el PRI. Mantenía con sentido del humor la moral del grupo, con base en análisis de los acontecimientos y los retos de la construcción nacional.

Pidió licencia y pensamos que por fin, sería candidato a Gobernador por su natal San Luis Potosí, pese a críticas por su izquierdismo. No fue así, ocupó la Dirección del Infonavit. Pero el conflicto post-electoral y la confrontación entre Fausto Zapata y Salvador Nava culminó con la renuncia del primero. El Congreso de San Luis lo nombró Gobernador Interino, cargo que ocupó por poco más de un año. Impulsó la modernización de la capital con grandes obras de infraestructura urbana y promovió políticas de contenido social, ganando el reconocimiento de sus paisanos. Trató de contender para la gubernatura por seis años pero se cuestionó si ello implicaba una reelección. Renunció a la postulación. Poco después fue nombrado Director del ISSSTE.

Ahí me incorporé a su equipo de trabajo, con el apoyo del Secretario Pedro Aspe, preocupado por las finanzas del Instituto. Emprendimos una reestructuración para modernizar y mejorar a la institución. Sin recursos adicionales, con ahorros y la negociación con el sindicato, se logró la rehabilitación de 36 hospitales. Destacó el 20 de Noviembre que se transformó en centro de alta especialización, con tecnología médica de punta y personal altamente capacitado. Como Director Jurídico que cuidó los procesos estuvo Juan Manuel Carreras, actual Gobernador potosino.

Apenas unos días antes de fallecer, ante un pequeño grupo y su familia, Don Gonzalo presentó el último de sus libros “Del Tintero de los Recuerdos: mis Andanzas por esta América Nuestra”, donde relata su relación con Lázaro Cárdenas, Salvador Allende y Fidel Castro. En otro libro registró sus experiencias diplomáticas “La Historia que Viví”. Otro más fue “Instantes de Decisión”, que describe el golpe de estado y lamenta el fracaso de la vía democrática al socialismo. Descanse en paz un gran hombre, querido amigo e inolvidable ejemplo por siempre. 

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