Opinión

En las alturas de China (I)

 
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china yuan (reuters)

Durante las últimas semanas he leído a decenas de analistas y académicos en economía hablar de un posible fracaso del modelo chino ahora que su economía se ha desacelerado. Muchos de quienes escriben esto, creo yo, no han tenido la oportunidad de estar en China y conocer la realidad de su modelo de primera mano. Mientras trabajé en la banca multilateral en Washington viajé al país en varias ocasiones. Tuve acceso a quienes tomaban decisiones, conversé con su gente y recorrí partes del país. Déjenme entonces compartir esta anécdota para dar un punto de vista distinto a la sabiduría convencional.

En 2011 conversaba con un alto funcionario del gobierno chino, en un bar de un moderno edificio sobre la Riviera del Huangpu; enfrente Pudong brillaba de noche sobre el río, con sus rebosantes torres nuevas con departamentos y oficinas, y le dije, muy seguro de mí, que estaban en problemas.

Se están pareciendo a Estados Unidos: Ahí enfrente tienen una burbuja inmobiliaria enorme.

El hombre tomó su copa, la llevó a su boca y humedeció sus labios con el elixir. El trago fue breve, pero su sonrisa en cambio fue enorme.

Ya sabemos dijo –¿pero acaso tu sabes que en China no tenemos impuestos a la propiedad?

Toda mi seguridad se me atragantó, el hombre me contó que en poco tiempo el gobierno chino iniciaría un programa piloto, aplicando un impuesto predial en algunas ciudades para tratar de contener el incremento en los precios de las viviendas. También incluirían otras medidas, como limitar la cantidad de inmuebles que una familia podría comprar. Y antes de beber un nuevo trago bromeó: –además, tú sabes que en China podemos pasar leyes rápidamente.

La plática no terminó ahí. El funcionario me dijo que tenían programas de largo plazo a cinco, diez y 50 años para planificar el crecimiento del país.

Ajustaban el más corto, pero sin perder de vista el objetivo a medio siglo. La ruta no debía perderse, contó.

No podemos ni debemos seguir creciendo al nivel que estamos haciéndolo. Nos acabaríamos los recursos de todo el mundo y recalentaríamos la economía china.

En nuestra planeación está el bajar la tasa de expansión del PIB alrededor de un máximo de 7.0 por ciento. Nos toca consolidar.

Cuatro años después, cada palabra del funcionario volvió a mí. El precio de las propiedades está controlado. También el crecimiento de la economía se contrajo alrededor de 7.0 por ciento previsto por mi interlocutor.

La historia vale para poner en perspectiva la permanente preocupación que tenemos por China. Tendemos a medir al gigante asiático con perspectiva occidental. China ha sido flexible para acomodar su economía a sus necesidades de corto y largo plazos, más allá del menú ortodoxo de Occidente. Cada vez que los economistas neoliberales levantaron una bandera roja, China sorprendió con una decisión heterodoxa para resolver sus problemas.

Cuando veo a muchos académicos pretender empujar sus recetas de one size fits all, más bien creo que buscan que el país pierda altura en su disputa por la hegemonía con las naciones desarrolladas de Occidente. China ha usado el libre mercado del mismo modo que ha empleado políticas de Estado cuando le ha convenido. La lección de China no es otra que ésta: No hay una sola receta para crecer, sino que las naciones hacen bien en buscar mecanismos que mejor les funcionen de acuerdo a su situación, cultura y los ingredientes que guarden en la alacena de su cocina.

Twitter: @JaqueRogozinski

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