Opinión

En la antesala de NAFTA 2.0, tres acciones para ayudar a México

 
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Tras los 84 votos a favor (14 en contra) que materializaron la ratificación del Senado de los Estados Unidos del abogado Robert E. Lighthizer como titular de U.S. Trade Representative Office (USTR), se despejó ya el primer paso de lo que será la renegociación del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica.

De acuerdo con el procedimiento del Trade Promotion Authorization (TPA), de un momento a otro el presidente Trump deberá estar enviando a las dos cámaras de su Congreso una carta en la que formalice su intención de renegociar el TLCAN y en ella deberá exponer la lista de temas que procurará incluir, excluir o cambiar en tal tratado.

Es ya del dominio de la comunidad empresarial interesada que el procedimiento de aprobación del TPA para NAFTA le exige al Congreso americano la apertura de un periodo de consultas de 90 días. En ese lapso de tiempo será natural que se agudicen las expresiones --en público y en privado-- de los variados y muy complejos intereses, beneficiados y afectados, que existen en torno a NAFTA.

Todos ellos procurando influir la acción, la dirección o la inacción.

En lo que Estados Unidos solventa su proceso y los funcionarios mexicanos y canadienses cabildean y afilan posiciones y argumentos para la tarea en puerta, tres son las acciones que podemos y tenemos que realizar quienes tenemos exposición directa o indirecta al andamiaje legal que ofrece NAFTA al ambiente trilateral de negocios:

1. Informar a cualquier contraparte de negocios en NAFTA aquello que beneficia su relación práctica de negocios.- ¿Le suena obvio? A mí me sonaba, pero todavía no pierdo la capacidad de asombro del nivel de ignorancia que identifico en diversos interlocutores americanos y canadienses de determinadas reglas del tratado que facilitan cotidianamente el flujo de sus mercancías o que favorecen determinado tratamiento fiscal en la región, haciendo competitivos sus productos o servicios en nuestro mercado. Microconcientizar a cada proveedor, socio o cliente lo que NAFTA hace por su negocio todos los días sigue siendo necesario.

2. Compartir con cuanta autoridad quiera escuchar el impacto concreto que un cambio en NAFTA puede beneficiar o afectar a una industria específica.- Los negociadores deberán llegar con una lista nutrida y variada de peticiones. Por muy preparados que sean, no se les van a ocurrir todas. Profundizar la relación económica en la región requerirá llenar de planteamientos a negociadores y jefes que puedan poner sobre la mesa como complementos o contrapropuestas a la larga lista de peticiones de Estados Unidos (algunas radicales) con las que nacerá la primera ronda de conversaciones.

3. Reservar dosis extraordinaria de paciencia y serenidad ante la arrogancia sostenida.- Con una administración que gusta de la negociación en posición de fuerza e intereses electorales que inevitablemente afectarán la razón de Estado en más de un país, todos los negociadores técnicos del tratado 2.0 estarán sometidos a infinitas presiones de arrebatos matutinos, tuits irrespetuosos, amenazas veladas y uno que otro insulto inmerecido, empezando por los de un señor que se llama Donald y se apellida Trump.

De aquí a que se apruebe lo que se apruebe, no habrá semana en lo que no hablemos del estatus de las negociaciones, unas nutridas de optimismo y otras arropadas por la desesperación. Quiero confiar en que al final imperará una lógica comercial de interdependencia que potencie la región hacia una mejor distribuida modernidad.

En todo momento, sin embargo, convendrá ajustamos a la recomendación de Michael Bloomberg durante su último viaje a México: dejar de preocuparnos por lo que Trump diga y enfocarnos en estudiar lo que haga.

Así que llegado el momento en que el mundo conozca la carta de Trump que rubricará Lighthizer a su Congreso, más que leer los discursos, deberemos revisar los anexos.

El autor es empresario y conferencista internacional.

Twitter: @mcandianigalaz

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