Opinión

En jarras

 
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En junio de 2015, el matrimonio homosexual fue legalizado a nivel federal en Estados Unidos. (Bloomberg)

El presidente Peña ha dado dos  giros inesperados: a) los primeros pasos para regular la mariguana que, aunque insuficientes, van en sentido correcto; b) la iniciativa del matrimonio igualitario. Ninguna de esas propuestas se vislumbraba hace unos meses.

¿Por qué? ¿Cuáles son sus motivaciones y qué objetivos persigue? La explicación más simplona es que quiere ganarse a un sector del electorado, fundamentalmente joven y de izquierda, para mejorar la posición del PRI el próximo 5 de junio.

Sin embargo, el argumento no resiste una mínima revisión crítica. De entrada, porque el matrimonio igualitario tiene muchos más opositores que defensores. Y, enseguida, porque quienes lo defienden, en particular la comunidad lésbico-gay, no necesariamente girarán a favor del PRI.

No sólo eso. Los sectores más recalcitrantes, desde la Iglesia católica a la Unión Nacional de Padres de Familia, pasando por otras religiones y sectas, responderán activamente contra la iniciativa presidencial. Y ese activismo sí podría dañar al PRI en las elecciones locales.

López Obrador lo ha entendido a la perfección desde hace años. Por eso no se ha pronunciado a favor de ninguna de las dos iniciativas presidenciales. Y por eso, también, cuando fue jefe de Gobierno, no impulsó esa agenda.

Paradójicamente, Peña Nieto corre el riesgo que le ocurra lo mismo que al cuetero, es decir, que no quede bien con nadie. Los conservadores están muy molestos y si no protestan más airadamente es porque se trata del presidente de la República y prefieren enfrentarlo sotto voce. Pero su disgusto e inconformidad son evidentes.

Los beneficiaros, cuando menos algunos de los más conspicuos representantes de la comunidad lésbico-gay, se han puesto en
jarras y lanzan severos y profundos cuestionamientos: “¿Por qué justo ahora? ¿Preferimos enajenarnos y soslayar que podemos ser el conejillo de indias de un gabinete desesperado por mejorar su imagen?”.

Y en la misma tesitura: “¿Cómo ignorar que el presidente no obra por convicción y que la iniciativa del matrimonio igualitario llega en medio de un pésimo estado de ánimo –mal humor social– cuyo principal beneficiario es AMLO?”.

En otras palabras, lo que se le objeta al presidente de la República es querer sacar un beneficio de las iniciativas presentadas y se condena el hecho que puedan minar el movimiento obradorista.

Las reticencias y las sospechas definen en este caso, como en tantos otros, a quien las personifica. Históricamente, las reformas no han sido siempre ni por regla general consecuencia de las convicciones, sino resultado de un cálculo pragmático.

Entre muchos ejemplos se puede citar el caso de Valery Giscard d’ Estaing (católico practicante y amigo del papa Paulo VI) que legalizó el divorcio en Francia, práctica con la que no comulgaba. Pero decidió asumirse, antes que nada, como presidente de una República laica y, sin duda alguna, arrebatar una bandera a la izquierda y los liberales. Fue, literalmente, una inversión de largo plazo.

Por otra parte, despierta ternura que esos conspicuos representantes de la comunidad lésbico-gay estén preocupados por figurar como aliados de una estrategia antiAMLO, cuando es manifiesta la convicción y oposición del exjefe de Gobierno a todo lo que suene a diversidad y derechos de las minorías.

La convicción del líder vitalicio de Morena no es, por lo demás, el único eje de su estrategia política. Responde también, como dije arriba, a la búsqueda de alianzas y pactos con poderes fácticos y con el sentir conservador de amplias franjas de la población.

Por eso no le ha importado, en lo más mínimo, abstenerse de apoyar la iniciativa y ha denunciado como agentes de Peña Nieto a quienes le preguntan o le exigen una definición frente a esos temas.

Por qué reclamarle entonces a Peña que busque obtener un rendimiento político poniendo en evidencia el conservadurismo de un líder que se proclama de izquierda y dice abanderar causas progresistas. Menos sentido tiene, cuando las iniciativas presentadas no son ornamentales ni simple fachada para engatusar.

Así que los que están en jarras y los opositores recalcitrantes harían bien en asumir que lo que es de Peña a Peña, y lo de Dios a Dios. Amén.

Twitter: @sanchezsusarrey

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