Opinión

En Jalisco “ocupan” llegar al siglo XXI

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GAY. (Reuters)

En 2012 hubo elecciones para gobernador en Jalisco. Para entonces, en la Ciudad de México los matrimonios entre personas del mismo sexo eran una realidad. Pero si en medio de aquel proceso electoral uno preguntaba a los dos candidatos punteros –ninguno de ellos del PAN, por cierto– su postura sobre ese tema, además de balbuceos y evasivas como respuesta uno obtenía una cara de “no me ayudes, compadre, ya sabes cómo es la cosa acá”.

Esos contendientes eran Enrique Alfaro (Movimiento Ciudadano), hoy alcalde de Guadalajara, y Aristóteles Sandoval (PRI), hoy gobernador. Se entiende (sin justificar) que un político busque arriesgar lo menos posible sus posibilidades de triunfo en elecciones, o su margen de maniobra en el ejercicio de gobierno, metiéndose a temas donde cree que perderá votos o apoyo.

Sin embargo, lo que no se entiende es que esos políticos, y otros muchos personajes de Jalisco, por una parte pretendan ser, y mostrarse, como líderes de una comunidad que presume modernidad y apertura, y simultáneamente apelen a supuestas tradiciones locales para no abrazar públicamente derechos universales, como lo es el matrimonio gay.

Y si lo hacen, si intentan esa dualidad, alguien vendrá de fuera a mostrarles la contradicción, como ocurrió el martes, cuando la Suprema Corte de Justicia de la Nación, por unanimidad, declaró inconstitucionales artículos del Código Civil de Jalisco en los que se limitaba la definición del matrimonio a uno entre personas de distinto sexo.

Porque en Jalisco hoy tenemos un gobernador que puede presumir que en términos económicos el estado marcha por encima de la media nacional, que hay un ambiente favorable a los negocios y a la innovación, que generan un PIB que compite con el de estados vistos como ejemplares –Querétaro, Aguascalientes o Guanajuato…

Porque en Guadalajara hoy tenemos un alcalde que ha puesto en marcha un proyecto metropolitano que podría darle una nueva cara a la capital del estado, con reordenamiento urbano tanto en el tema de los ambulantes como en los permisos inmobiliarios…

Pero ni Aristóteles Sandoval, que rinde su tercer informe de gobierno el martes próximo, ni Enrique Alfaro, que ha llegado a los 100 días en la alcaldía, tuvieron la entereza de asumir el rol de líderes de un importante cambio cultural, uno que ni más ni menos insertará a los jaliscienses en el siglo que viven.

¿Recuerdan cómo festejó en junio pasado Barack Obama la decisión de la Corte de EEUU de hacer nacional el derecho al matrimonio gay?
#LoveWins puso en Twitter, mensaje que mostró claramente su comprensión del hondo calado de la decisión de los jueces.

Bueno. Tras la decisión de nuestra Corte con respecto a Jalisco, Aristóteles y Alfaro no pusieron el martes ningún mensaje en esa red social. Cero. Sería hasta el día siguiente cuando el gobernador posteraría en Twitter unos mensajes donde destaca un extremo formalismo.

Soy de los que creen que una decisión como la Asamblea Legislativa del Distrito Federal en 2009 con respecto al matrimonio gay, adecuó la ley a la realidad y no al revés. Es decir, puso en la ley lo que nunca debió estar fuera de ésta.

En Jalisco pasará eso mismo. La ley y los políticos estaban desfasados, capturados por sombras que no debieran secuestrar la discusión pública, como las del clero.

Hoy Alfaro y Aristóteles tienen una nueva oportunidad: deben mostrar que lo que decían en privado –que estaban de acuerdo aunque algunos en su comunidad no– era cierto. No pueden titubear más, no deben olvidar que viven en la segunda década del siglo XXI.

Twitter:
@SalCamarena

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