Opinión

En hombros de gigantes

 
1
 

 

[Con la compra de Blockbuster, Elektra añade más de 300 puntos de venta a su red de distribución. / Cuartoscuro / Archivo]  

“Si he visto más lejos es porque estoy sentado sobre hombros de gigantes”: Isaac Newton.

El próximo domingo 30 de octubre se cumplirán 66 años de vida de Grupo Elektra, que pasó de ser una pequeña fábrica de radios, con un puñado de empleados, a un verdadero conglomerado multinacional con más de sesenta mil socios y operaciones en industrias tan diversas como banca, seguros, administración de fondos para el retiro, microcréditos, corretaje bursátil y, por supuesto, comercio especializado.

Grupo Elektra, una empresa con un valor de capitalización de más de tres mil millones de dólares y que opera en siete distintos países a través de más de siete mil puntos de venta, es hoy mucho más de lo que nunca pudimos haber soñado.

Pero nada de lo que se ha logrado habría sido posible sin la visión, el trabajo duro y la determinación de un hombre de negocios excepcional que en todas sus decisiones ha mostrado un enorme amor por México: Don Hugo Salinas Price, mi padre. Desde que se incorporó como empleado eventual a Radiotécnica, precursora de Elektra, el largo camino recorrido por este incansable hombre de negocios nunca estuvo exento de dificultades. La empresa nació el 30 de octubre de 1950 con el nombre de Elektra Mexicana, S.A.

Recientemente, Editorial Porrúa reeditó las memorias de mi padre, Mis años con Elektra. En esta obra, el lector conocerá, por ejemplo, de las muchas ocasiones en que a la empresa se le complicó pagar la nómina, porque las cuentas por cobrar se acumulaban “como una bola de nieve y el dinero entraba a cuentagotas”. Para innumerables empresarios, ésta es una historia conocida.

En el libro, que recomiendo ampliamente y que está disponible en español e inglés, también podemos ver cómo las recurrentes devaluaciones del peso en la década de los 80 causaron un aumento desproporcionado en la deuda de la compañía, al grado de poner en riesgo su existencia misma —y la de cientos de empleos—. Espero que esto represente una enseñanza para los jóvenes que hoy son responsables de las finanzas públicas del país y que discretamente celebran la pérdida de valor de la moneda.

De hecho, en las páginas de esta obra veremos la grave afectación que causa en los negocios la frecuente depreciación cambiaria, empezando por la que ocurrió en la Semana Mayor de 1954, donde el peso perdió casi dos quintas partes de su valor frente al dólar. Quizá de aquí surge la obsesión de mi padre por encontrar mecanismos sólidos para proteger el poder de compra de nuestra moneda y su incansable labor en favor de la plata como un mecanismo de preservación de valor económico.

Otro momento difícil lo vivimos cuando nuestro mayor cliente, Salinas y Rocha, dejó de comprarnos mercancía por un diferendo familiar, lo que significó un reto brutal —hoy Salinas y Rocha es parte de Grupo Elektra.

También encontraremos en las memorias de Don Hugo infinidad de momentos afortunados, como la construcción de nuestra fábrica de radios en la avenida Cuitláhuac 3352, la apertura de la primera tienda Elektra en la calle de Sinaloa 32, hasta la primera televisión fabricada por ingenieros nacionales en 1953 —para 1954, Elektra era ya el primer fabricante de televisores en México.

Conforme la empresa fue creciendo, otro reto excepcional fue crear un sistema de información confiable que, de manera cotidiana, reportara la rentabilidad de los productos, de las tiendas y las promociones. Con orgullo puedo decir que en mi juventud participé en este proyecto en el que en Grupo Elektra se creó el primer sistema de información comercial diseñado y programado en su totalidad por mentes mexicanas.

Sin éstas y muchas otras dificultades y retos, superados con un talento extraordinario, nuestra empresa no habría alcanzado la dimensión que hoy tiene.

En palabras de mi padre, para el empresario, “México ha sido y sigue siendo un país de carrera de obstáculos, donde sólo los más tenaces, los más necios, los más atrevidos, los de más aguante, pueden salir adelante”.

Afortunadamente, Don Hugo es un ser humano infatigable que consagró su vida a concretar un sueño, construyendo en este camino un equipo de gente talentosa que revolucionó el comercio y el crédito al consumo en América Latina.

En sus memorias, Don Hugo Salinas Price comparte infinidad de historias personales y corporativas que reflejan la tenacidad, el arrojo y la visión de nuestra empresa. Aquí se narra una aventura extraordinaria forjada por mexicanos excepcionales. Sin duda, Grupo Elektra se levanta sobre hombros de gigantes.

El autor es presidente y fundador de Grupo Salinas.

Twitter: @RicardoBSalinas

También te puede interesar:
Un cambio cultural para México
Hernán Cortés: visionario y creador de una nueva nación
Reflexiones críticas sobre el salario mínimo y otras ficciones