Opinión

En Fukushima, operación de alto riesgo


 
La tragedia de Fukushima Daiichi está lejos de terminar; al contrario, a dos años y medio del devastador terremoto y del tsunami que fundieron el núcleo de tres de los reactores de la planta propiedad de Tokyo Electric Power Co. (Tepco), en noviembre las operaciones de limpieza entrarán en una fase ignota y de alto peligro, cuando los trabajadores intentarán remover mil 300 barras de combustible nuclear usado, con un peso de 400 toneladas, en la unidad cuatro de la central en ruinas.
 
 
En las últimas semanas, Tepco tuvo que aceptar que la situación tiende a agravarse, con 300 toneladas diarias de agua contaminada que se filtran al océano Pacífico, por lo que el premier Shinzo Abe subrayó que “estabilizar Fukushima es nuestro reto”. Sin embargo, señalan especialistas como el estadounidense Arnold Gundersen, recuperar manualmente las barras de combustible de su estanque de enfriamiento --cada una mide 4.5 metros y pesa 300 kilos-- que contienen material radiactivo equivalente a 14 mil bombas de Hiroshima, será una tarea dantesca, que nadie ha realizado hasta ahora y que demorará años, siempre bajo el riesgo, por un temblor, un accidente o el mero choque de las barras entre sí, de provocar el peor desastre radiológico de la historia, que amenazaría al norte de Japón, su capital y la economía mundial.
 
 
“Tendrán dificultades para remover un número significativo de esas barras”, manifestó a Reuters el científico y titular de la consultoría Fairewinds Associates, quien ha cuestionado la seguridad del reactor de “tercera generación” Westinghouse AP1000, además de advertir que la planta Yankee de Vermont utiliza un reactor similar al de Fukushima, escenario, sostiene, de “la mayor catástrofe industrial”.
 
 
Radiación
 
Explicó que en caso de que uno de los depósitos de combustible se rompa, hay muchas posibilidades de una reacción en cadena, ya que la radiación derivada del plutonio será demasiado intensa para que pueda ser contenida por el estanque de diez metros por doce y siete de profundidad, que no fue diseñado con ese objeto y cuyo estado se ignora, al ubicarse en un piso a 18 metros de altura cuyo techo fue volado por una explosión en la hecatombe de 2011.
 
 
La dirección de Tepco --ha señalado que no hay 'soluciones perfectas'-- logró extraer dos barras durante un simulacro antes de la tragedia, pero en un proceso asistido por computadora que esta vez no será posible. Al respecto, la investigadora Christina Consolo indicó a RT que los enormes volumenes de agua de mar vertidos por los equipos de emergencia han corroído las paredes del estanque y probablemente a los mismos depósitos y sus anaqueles, en un edificio destruido que se está hundiendo. Sin embargo, su preocupación se enfoca en el aspecto humano, por la resistencia física y mental que los trabajadores deberán mostrar, enfundados en sus trajes protectores, en un entorno "caliente e incómodo, lleno de ansiedad. Aún con la máxima protección disponible, tendrán que ser reemplazados continuamente”.
 
 
La empresa reconoció en julio que hasta 10% del personal involucrado en la limpieza podría desarrollar cáncer de tiroides, y asentó que el número expuesto a la radiación, que ahora se ubica en 1,978, es once veces superior a la cifra inicial entregada a la Organización Mundial de la Salud. Todo ello, sin mencionar que las filtraciones de corio y la cercanía del acuífero de Tokio al combustible fundido implicarían que “tendrá que discutirse de forma seria y expedita” el desalojo de los 40 millones de habitantes de la zona metropolitana, añade Consolo.