Opinión

En esta esquina, las ONGs; en esta otra, la libertad empresarial

 
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En Ciudad Universitaria, entre ‘goyas’ y reclamos a todos los niveles gubernamentales, los universitarios exigieron justicia. (Alejandro Meléndez)

Las Organizaciones no Gubernamentales (ONGs) u Organizaciones de la Sociedad Civil son una industria. Sus empleados se multiplican, sus procesos de venta se sofistican, lo mismo que sus métodos operativos.

Sus modelos de negocio son flexibles y se apoyan en leyes que les dan favores que otras empresas no tienen, pues muchas se benefician de incentivos fiscales con los recibos deducibles de impuestos y otras facilidades que los gobiernos les otorgan. Su poder crece y su visibilidad también. Son muy expertas en cuestionar, señalar, diagnosticar.

Muchos integrantes de las ONGs más relevantes tienen grados académicos elevados. Se entrenaron bien. Por ello, las ONGs del mundo ganaron fuerza y aplastaron muchas de las iniciativas emprendedoras del mundo moderno. ¿Quién ha luchado contra las empresas del petróleo y el gas? Las ONGs. ¿Quién desacreditó a las empresas de la industria del tabaco? Las ONGs. ¿Quiénes cabildean contra los deliciosos pastelitos de las panificadoras globales y contra las refresqueras? Las ONGs. ¿Quiénes dicen defender a los animales silvestres y a las comunidades indígenas de las empresas mineras o de las presas y plantas hidroeléctricas? Las ONGs.

Las ONGs han triunfado en el mundo a tal grado, que han podido obligar a empresas como las tabacaleras a incluir fotografías de personas moribundas en sus productos. Esto es verdaderamente increíble, y equivale a que alguien obligue a un médico cardiólogo, por ejemplo, a poner un póster en su consultorio que diga “a este médico se le han muerto en el quirófano tres pacientes durante su carrera profesional”, junto a la foto de los muertos; o a que los relojes de pilas deban incluir una leyenda: “50 por ciento de las personas que han utilizado estos relojes han perdido vuelos y trenes por baterías finalizadas repentinamente”; o a que fuera obligatorio poner una foto en un ramo de flores con una chica sufriendo un choque anafiláctico y esto: “Peligro: mujeres han muerto por reacciones severas a piquetes de abeja que repentinamente aparecen en los ramos de flores”.

El mundo va hacia un sinsentido si dejamos que las ONGs dominen el discurso y la agenda de las sociedades modernas. Esto por supuesto no justifica que las empresas privadas hagan negocios aplastando los valores universales de respeto a la vida y a la Madre Tierra; o violando la honra que todo ser humano debe hacer de sus compromisos y de su palabra. Sin embargo, estamos llegando a un punto inadmisible. Imaginemos que los autos deban por ley llevar una foto en sus puertas que tenga muertos de accidentes: “conducir autos mata”.

Sería más honesto que las ONGs se describan como lo que son: negocios. Así por lo menos el suelo estaría más parejo.

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Correo: motacarlos100@gmail.com

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