Opinión

En esa puerta del cuartel

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Iguala, intento de toma del Batallón de Infantería. (Archivo/Cuartoscuro)

En todos los años que permanecí en el servicio activo no imaginé ver la intentona de la toma de un cuartel en tiempo de paz, como lo acontecido con motivo de los hechos en Iguala, Guerrero.

Sólo el hecho de observar imágenes inéditas donde la turba intenta introducirse por la fuerza al cuartel causa escozor, a sabiendas de que el militar apostado no puede abandonar el puesto donde se encuentra establecido, así se le vaya la vida en ello y esto lo saben estos transgresores de la ley, de ahí la artera provocación.

Resulta inverosímil el observar a una turba utilizando diversos materiales como piedras, tubos, palos, cohetones y otros, con el fin de ocasionar daños a personas e instalaciones, al tratar de irrumpir violentamente en las instalaciones del 27 Batallón de Infantería y no por otra cosa sino por considerarse un acto altamente agresivo y provocador que pretendieron con ese atrevimiento lograr una reacción también violenta por parte de los militares, la cual no se dio.

Se trata de la búsqueda de un mártir para la causa, no de los padres, familiares y dolientes de los desaparecidos, sino de los líderes de esos grupos de encapuchados que dicen exigir justicia violentando la ley; tanto así, que ya algunos se atreven a pensar que esa forma de operar demuestra la presencia de la guerrilla enmascarada en estos hechos, sea EPR o ERPI.

Ahora que el gobierno de la República ha aceptado que se abran las puertas del cuartel de este batallón, se puede adivinar el resultado: no encontrarán indicios de su presencia porque obviamente nunca estuvieron ahí; sin embargo, da pie a que los reclamantes aduzcan que fueron trasladados a otro sitio y así seguirán pidiendo cuanto se les ocurra.

Estos activistas saben que cuentan con el apoyo de organizaciones no gubernamentales de derechos humanos, la CETEG y otras del propio estado de Guerrero para lograr paulatinamente sus objetivos, en tanto que las autoridades estatales y municipales se han hecho a un lado para dejar que la autoridad federal enfrente y trate de solucionar esta grave situación.

También amenazan con que no habrá elecciones en esta entidad federativa y a su vez imponer asambleas populares como un paso más de su proyecto, aún cuando al implantar este tipo de gobierno se corra el riesgo de caer en la anarquía total con todas sus consecuencias.

No hay que perder de vista que el tiempo apremia y entre lo que se declara y lo que los dolientes creen, nunca se va a llegar a un acuerdo para cerrar el expediente de este caso, ya que se involucraron asuntos políticos, partidistas, gremiales. En fin, un verdadero asunto complejo en donde hay que cuidar formas y fondo para no dar oportunidad a que se desinforme a la sociedad ni se hieran susceptibilidades.

La PGR ya dio a conocer la verdad legal, pretenciosamente llamada 'histórica de los hechos', lo cual de antemano sabíamos que no iba a creerse en su totalidad, lo cual se confirma al tener los padres ya listo el desplegado donde manifestaban su inconformidad a través de diez razones del por qué no se debe dar por cerrado el caso Ayotzinapa, ya que en su decir hubo eventos y hechos que no fueron investigados ni mencionados en dicha verdad.

Y así es, pues falta incluir en la investigación la declaración del director de la escuela normal, pues resulta increible que no tuviera conocimiento de lo que el alumnado hace y, en un alarde de cinismo, manifiesta que él está limpio y la escuela también.

Lo único que está claro es que para los padres y familiares de los estudiantes ellos siguen desaparecidos y así seguirán hasta que oficialmente se declare la presunción de muerte del ausente, de conformidad con el Código Civil Federal en vigor, pero seguramente de aquí a que fenezca el plazo establecido en esa normatividad todavía ocurrirán muchas cosas y esperemos por el bien de México que, como dicen, “la sangre no llegue al río”.

Al final, todo se reduce a la desinformación, incredulidad, impunidad e injusticia.

* El autor es General de División Diplomado del Estado Mayor (retirado).

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