Opinión

En el planeta Messi

Repantigado en mullido sillón del amplísimo estudio, Gil observó el amanecer en el planeta Messi. La noche fue más larga de lo esperado, un primer tiempo argentino de vergüenza frente a Bosnia-Herzegovina, oscuro y frío, sin señales de luz. Como sea, Gil piensa que Sabella, el entrenador de los argentinos, ha parado en la cancha a uno de los equipos más poderosos del torneo. Higuaín, Messi y Agüero, una línea mortal arriba; en la media, oigan esto: Gago, Di María, Maxi Rodríguez y Javier Macherano. La estructura más poderosa del torneo.

Los últimos tiempos de Messi habían sido un mal sueño. Nadie quiso interferir en sus silencios, una burbuja alrededor de las últimas revelaciones de la investigación judicial conducida en España por presuntos delitos de blanqueo de dinero y fraude fiscal relacionados, según informa su periódico El País, con los partidos benéficos de Messi, una telaraña de ductos por los cuales ha corrido dinero sucio. Los médicos de dos países, Argentina y España, los hospitales, las enfermeras, los residentes, los doctores de guardia han coincidido en que los vómitos que afectan a Messi día y noche son una forma fantasmal de la somatización. Messi ha cumplido 26 años, la fama lo consiente, la riqueza lo sostiene, los 56.1 millones de dólares que gana al año lo sitúan en una dimensión desconocida y piensa que se pudre lo metido en un lío marca llorarás.

El gol terapéutico


Messi tomó el balón en media cancha y se lo pegó con linimentos extraños al zapato aerodinámico. El 10 argentino dio un pase y esperó el regreso en diagonal, como le gusta recibir, frente al arco. Dos, cuatro, seis zancadas y Messi estalló un cañonazo. Un disparo sin piedad que anidó en las redes. Como cuando las terapias revelan algo de las sombras, Messi volvió a ser Messi de pronto, de golpe, casi sin saber.

Messi podría llevar a Argentina a un extremo del horizonte, quizás esté en el punto más alto de su carrera. Entre 2008 y 2013, Messi logró lo que ningún jugador ha logrado; desde Di Stéfano y Pelé, nadie acumuló más goles ni más títulos, colectivos y personales. Cuatro balones de oro muestran a este jugador de 1.69 metros de estatura y 69 kilogramos de peso. En una casa deshabitada, la casa del éxito, Messi volvió a ser Messi. Si esto ocurre, este podría ser el Mundial de Messi; el primer gol fue una promesa y su vida está al borde del abismo.

Italianos

Si España fue arrollada por Holanda y puso en riesgo su clasificación, Italia volvió a demostrar que siempre es un equipo candidato a la final. Un gran juego, Italia-Inglaterra, mostró a una Italia ceñida y capaz, como siempre, de la ofensa: un gol a mi favor, el camión de volteo en el arco, la bancas de mampostería en la portería. Inglaterra dio un gran juego, en el frente deslumbró un jugador de locos: Sterling, un joven negro de 20 años que realiza maravillas por la banda; si hubiera extremos, éste sería uno natural. En el otro lado de la existencia, Andrea Pirlo, un teodolito, un instrumento de precisión de 35 años que juega en la Juventus. Dirige la media cancha con maestría, pasa balones como si trajera una computadora, quizá la trae incrustada en una pierna. Pirlo ha demostrado que se puede jugar futbol después de los 33 años, la edad de Cristo. Inglaterra tendrá que vencer a Costa Rica y Uruguay. Se han presentado ya en Brasil 2014 España, Brasil, Argentina, Italia y Holanda, aún no pasa el tren alemán. Una cosa es cierta, entre estos equipos hay un campeón del mundo.

La máxima de Kipling espetó dentro del ático de las frases célebres: “La victoria y el fracaso son dos imposibles, y hay que recibirlos con idéntica serenidad y con saludable punto de desdén”.

Gil s’en va