Opinión

¿En dónde están los líderes que tanto necesitamos?

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EPN

Escuché con atención el tercer informe del Sr. presidente.

Una auto crítica sana en el comienzo de su discurso me llenó de esperanza, pues supuse que a partir del reconocimiento abierto y claro de los errores, problemas, corrupción e ineptitud que han golpeado a nuestros dirigentes durante los primeros tres años, se daría a conocer una propuesta sólida en la que cada quien, empezando por el gobierno, fuera copartícipe de la solución, aportando para este propósito lo mejor de sí mismo.

Todos unidos en lo esencial, guiados por un líder que arrastre con su ejemplo y autoridad moral y sea capaz, entonces, de señalar el camino a seguir para alcanzar metas ambiciosas que transformen en realidad lo que parece inalcanzable.

¿Respondería la sociedad? La respuesta es ¡sí! Y la muestra es el extraordinario movimiento que se generó con motivo del terremoto del 85 en la ciudad de México, en donde a partir de cero la ciudadanía tomó en sus manos el control del desastre ante la manifiesta incapacidad e ineptitud del gobierno presidido por Miguel de la Madrid para enfrentar ese grave e inesperado acontecimiento. Yo viví en carne propia esos delicados momentos y fue una experiencia inolvidable el trabajar hombro con hombro con hombres y mujeres de todos los extractos sociales,  con el único fin de salvar vidas y conducir a los heridos a los centros de atención médica. Adolescentes, jóvenes, personas maduras y también adultos mayores, que arriesgábamos inclusive nuestras vidas para salvar las de otros. Miles de mexicanos descubrieron (¿descubrimos?) el líder que llevaban adentro y actuaron en consecuencia. En este mes se cumplen 30 años de esa tragedia que dio la oportunidad de mostrar la grandeza de la ciudadanía.

Pero ahora sucede lo contrario. En vez de aprovechar la crisis que padecemos derivada de los múltiples problemas y que he analizado en artículos anteriores, el señor presidente dedica el 90 por ciento del excesivo tiempo (dos hora) de su Informe en decirnos lo bien que estamos en cada uno de los rubros estratégicos de la nación ¿Por qué si nos sentimos tan mal nos dicen que estamos tan bien? ¿Será, como dijo una afamada revista extranjera, que nuestro señor presidente no entiende que no entiende?

Líderes, líderes y líderes –lo he repetido hasta el cansancio– es lo que México y muchos otros países del mundo necesitan. Líderes que arrastren con el ejemplo y tengan la sabiduría para alcanzar las ambiciosas metas que se hayan trazado. Ya no recurro a mis grandes ídolos de toda la vida que menciono continuamente: Nelson Mandela, Martin Luther King, Mahatma Gandhi, Madre Teresa. Ahora agrego al expresidente del Uruguay, quien recientemente terminó su delicado cargo y quien, además de cumplir a cabalidad con su delicado trabajo, fue capaz de donar la mitad de su sueldo a obras sociales y retirarse de la silla presidencial manejando su modesto “vochito” a su también modesto hogar del que había salido.

Ser, más que tener, es lo que debemos buscar en esta vida. Se dice fácil ¿vedad? Pero el oro y la codicia, el poder y el oropel, dominan, al menos en México –y en muchos otros países– el ambiente político y en general el ambiente de los poderosos. Ambiente que conduce a la inaguantable corrupción que corroe la entrañas de nuestro país y le impide el progreso compartido que tanto necesitamos.

Mañana será otro día.

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