Opinión
RODOLFO VÁZQUEZ, FILÓSIFO Y JURISTA

“En derecho, nada de lo humano es ajeno”

   
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Rodolfo Vázquez

Rodolfo Vázquez es un profesor mexicano de origen argentino del que sus alumnos y compañeros hablan maravillas. Es un devoto formador de buenos ciudadanos. Al menos es lo que procura. “Quiero preparar ciudadanos antes que juristas, hombres que sean sensibles a la democracia, los derechos humanos, el Estado de derecho”.

Vázquez me cuenta de su madre, nacida en la provincia de Formosa, al norte de Argentina. La recuerda hablando guaraní con su propia madre, la lengua que ambas negaron a sus descendientes. La abuela, paraguaya, era una matriarca. Fumaba puros, lo que a ojos de su nieto agigantaba su figura inescrutable. Mujer de varios hombres, era una estupenda cocinera. Preparaba chipas, las típicas empanadas paraguayas, y sopa de queso para los nietos que la visitaban.

Su familia emigró a la capital, Buenos Aires, al arribo de Perón y gozó de la implementación de sus políticas sociales: reducción de la jornada laboral, incrementos salariales, mayores oportunidades de empleo para las mujeres. “Mi madre no fue peronista. Para ella, Evita era la verdadera figura política relevante y moral de Argentina. El dicho de Evita era palabra sagrada”.

Rodolfo escuchó de su madre crónicas de las horas que esperaba en fila para recibir una plancha, una lavadora u otro beneficio social de Evita. Y también observó cómo la sobrepasaba la injusticia. “Tenía gestos de mucha sensibilidad social hacia las personas menos aventajadas. Ella siempre ofrecía ayuda”.

En un club de tango conoció a su marido, un porteño buen mozo e imponente de uno noventa de estatura, hijo de gallegos sin estudios universitarios. Dedicado al comercio, el padre de Vázquez se empleó en la cancillería como correo diplomático. Cuando se le presentó la opción de escoger un país para residir, eligió México. Rodolfo tenía 10 años cuando llegó. Tras una primera estancia de cinco años, los Vázquez volvieron a Argentina.

Las cosas empezaron a ir mal económicamente y se trasladaron a la provincia de San Luis. “Recibíamos noticias sobre Chile, de la caída de Allende y de la empatía que había por los movimientos sociales en Argentina, que se volvía más violenta. Creo que ese clima hizo a mi padre voltear de nuevo hacia México”.

Vázquez estaba por ingresar a la universidad cuando su padre tomó esa decisión. En San Luis había conocido a un sacerdote católico que daba catequesis a los habitantes de pueblos sumidos en la precariedad. En su tiempo juntos y en sus largas conversaciones, el cura lo introdujo a diversas lecturas filosóficas y teológicas. Con la idea de continuar sus estudios incipientes, obtuvo del sacerdote una carta de recomendación que entregó al destinatario, un maestro que enseñaba en la Iberoamericana.

Vázquez estudiaba filosofía y tomaba algunos cursos de derecho, hipnotizado por Efraín González Morfín. “Hice aquellos cursos sin vocación jurídica. Lo que me interesaba era el compromiso político y social de Efraín”. Concluida la licenciatura y la maestría, y después de dar clases de filosofía cristiana a sacerdotes franciscanos y salesianos, y clases particulares de trigonometría y otras materias menos espirituales, obtuvo un tiempo completo en el ITAM.

-¿Dudaste de tu vocación, o por qué seguiste en derecho?

-Nunca dudé de mi vocación en filosofía; al principio no sabía en qué me estaba metiendo con derecho, pero lo tomé como algo complementario. Lo estudié para aterrizar los problemas filosóficos en la práctica y en la problemática política y social del país desde la perspectiva filosófica. Siempre he pensado que derecho es una ciencia práctica, es decir, el jurista tiene que estar enfocado hacia la posibilidad de lograr una situación de justicia objetiva. Lo fascinante del derecho es que no hay que reflexionar sobre normas en un cielo etéreo, normas que ya están escritas; el jurista debe ordenar la ciencia hacia una finalidad práctica. Y para mí lo practico es justicia objetiva. No hay más.

Vázquez pospuso sus estudios de doctorado porque ocupó puestos directivos en el ITAM. La creación de su familia también interrumpió ese pendiente. Finalmente se consagró a la tesis doctoral en la UNAM, y tomó para ese efecto un año sabático en Oxford. En el ITAM, después de encabezar por años el departamento de Estudios Generales, pidió que se le reasignara a derecho y terminó esa licenciatura. “La combinación fue muy afortunada. Aplicar la filosofía al campo jurídico abre mundos enormes. Al derecho, nada del humano le es ajeno; no hay problema humano que no pase por una normatividad”.

En derecho fundó Isonomía, una revista bien posicionada, “vital para el gremio internacional”. Inauguró un seminario de Teoría y Filosofía del Derecho que este año llegará a su vigesimaquinta versión y emprendió una colección de libros –Biblioteca de ética, Filosofía del derecho y política– que ha alcanzado el título 140 y ha vendido 350 mil ejemplares, toda una hazaña dado nuestro ínfimo mercado editorial.

En unos pocos años, Rodolfo Vázquez va a jubilarse. Me lo imagino como pez en el agua en lo que le viene: “Si pudiera arreglar mis cosas y decir qué haría de aquí a mañana, comenzaría a estudiar Historia y Literatura… Querría formarme como historiador. No va a ser fácil; llevaré mi vocación de filósofo toda la vida, la de jurista podría reposarla un poco”.

Mientras lo escucho, entiendo que todo lo que dice este hombre es hondo. Todo lo que dice este hombre importa.

-Mi madre, en los últimos tiempos de su vida, le dijo a mi padre que si él hubiera sido un poquito más frívolo, los dos hubieran sido mucho más felices. ¿Cuáles son tus frivolidades?

-Frívola y no, mi parte frívola está ligada al alimento. Me gusta mucho una buena empanada argentina, un bife de chorizo, terminar con dulce de leche. También me gusta mucho la comida mexicana, entonces alterno. No tengo gustos sofisticados; he dejado de beber completamente, no fumo, no uso ropa de marca, no compro coches… Pero sí invierto mucho en libros, aunque algunos no los termino porque no tengo tiempo. Y, por supuesto, me gusta viajar. Por ahí va mi frivolidad.

Twitter: @maria_scherer_i

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