Opinión

En defensa de las encuestadoras

 
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Ciudadanos emiten su voto en la Ciudad de México

Es muy injusto lo que está ocurriendo en estos días: se está crucificando a las casas encuestadoras, tal como ocurrió en procesos electorales anteriores, por la supuesta responsabilidad que tienen al no haber atinado a predecir con total certeza el resultado de las elecciones a gobernador. En una actitud desvergonzada, hay un juicio flamígero contra estas empresas, que ni la deben ni la temen. Ellas simplemente hicieron su trabajo utilizando metodologías estándar, internacionalmente probadas para tratar de predecir el comportamiento del electorado.

Pero el problema de fondo no son las encuestas en sí mismas, sino las decisiones políticas, editoriales y de inversión que se toman con la información que éstas arrojan.

Una encuesta electoral, como un estudio de mercado utilizado por alguna empresa para lanzar un producto, arroja datos y probabilidades.

Con esos datos y probabilidades los partidos políticos, los grupos de interés y los medios de comunicación toman decisiones, al igual que ocurre con las empresas, que estudian los datos de sus estudios para lanzar o no un producto al mercado. Sin embargo, en el caso de las empresas (piénsese, por ejemplo, en una corporación que fabrica pastas dentales) las decisiones de inversión para lanzar el producto son cautelosamente seleccionadas tomando en cuenta otras muchas variables de análisis, además del estudio de mercado cuantitativo.

En otras palabras: firmas como Colgate, Unilever o Coca Cola jamás lanzarían un nuevo producto con base únicamente en un estudio de mercado cuantitativo.

A esa información le añaden estudios cualitativos; análisis de horizontes de inversión; y la decisión sería tomada por comités que ponderarían la relevancia estratégica del nuevo producto dentro del portafolio corporativo integral.

Ocurre lo mismo con las inversiones: nadie puede culpar a un analista de Accival o GBM por haber publicado una recomendación de 'compra' sobre un título accionario que luego fracasa. Él hace su trabajo con cierta metodología, pero es el inversionista el que toma la decisión de invertir o no; de decir cuánto invierte de su portafolio y a qué plazo…

El problema con las encuestas políticas es que se ha sobredimensionado su relevancia. Quienes toman decisiones de inversión, políticas o editoriales, creyeron que eso era lo único que contaba. Se fueron con la finta. Hoy crucifican a los encuestadores y los quieren quemar en la plaza pública, cuando los únicos responsables del desastre de sus decisiones son ellos mismos. Lo malo es que la mayoría de los encuestadores son unos chicos muy nerds y tímidos (actuarios, matemáticos), que no saben defenderse en medio de la jauría circense en la que están inmersos.

Twitter: @SOYCarlosMota

Correo: motacarlos100@gmail.com

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