Opinión

En defensa de Emilio Lozoya

Qué mala pata. De hecho es una gran vergüenza internacional la que tendremos que soportar por el escandaloso fraude a Banamex por 360 millones de dólares de la empresa Oceanografía a través de las cuentas por cobrar a Pemex. Es una calamidad que llega en el peor momento, luego de que el gobierno de Enrique Peña desea vender la imagen de un México moderno en materia energética. El escándalo manchará la confianza de los inversionistas respecto de la calidad ética de los actores con los que tratarán cuando traigan su dinero aquí.

Ojo: el ajuste de 235 millones de dólares que tuvo que cargarse a la utilidad neta de Citigroup refleja que ni ese banco ni Pemex han estado dotados de mecanismos de monitoreo y control que permitieran detener a tiempo la materialización de tan millonario robo. Es una pena, porque Emilio Lozoya tiene el más alto perfil, y la mejor intención; pero su gestión parece estar destinada a sufrir descalabros en los que él ni la debe, ni la teme (como la explosión en las oficinas centrales en 2013).

Fue oportuno el aseguramiento de las instalaciones de Oceanografía el mismo viernes por parte de la PGR, que tendrá que ir al fondo de la investigación por delitos que aparentemente tienen que ver con lavado de dinero relativo a la ordeña de ductos (según se supo hace varias semanas). No obstante, la mancha queda.

Es importante destacar que cuando un banco como Banamex otorga créditos a una empresa para financiar cuentas por cobrar, existen comités que los aprueban y que revisan la documentación entregada para aprobar los montos. Un crédito de 585 millones de dólares como el que Banamex otorgó a Oceanografía (de los cuales en realidad sólo podrá cobrar 185 millones de dólares), necesariamente debió ir acompañado de documentos que probaran que Pemex le debía a Oceanografía tal cantidad.

Por el monto de lo robado y por las palabras de Michael Corbat en relación a que cualquier empleado del banco que haya participado en el fraude deberá pagar por su delito, es de presumirse que se instrumentó una compleja red entre las tres instancias: Banamex, Oceanografía y Pemex. Así, estaríamos ante empresas que están mostrando que carecen de todo control de gestión y de seguridad interna, y que tienen cientos de posibilidades cotidianas de que en sus filas se gesten este tipo de fraudes.

Ni modo: el presidente Peña deberá limpiar la imagen de México en los círculos financieros y del sector energético. Para ello ha de ser implacable con los culpables. Algo de ese tamaño no se puede hacer bajando de internet los logos de Pemex y pegándolos en supuestos papeles membretados. No. Aquí hubo sofisticación. Mucha.

Twitter: @SOYCarlosMota