Opinión

En busca del 44

Quienes encabezan o patrocinan las protestas por la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, han dejado atrás el reclamo para pasar a la provocación.

No está claro, al menos para el ciudadano común y corriente, quiénes son los embozados que quieren, a toda costa, una reacción de las fuerzas federales.

Los padres de los desaparecidos incluso parecen borrados de las manifestaciones-provocaciones; no se ve a los deudos de los normalistas robando unidades repartidoras ni secuestrando camiones o asaltando casetas de peaje.

La provocación –que no tiene nada que ver con la protesta y el legítimo reclamo de justicia– llegó ya a los cuarteles del Ejército, en Chilpancingo, y de la Marina, en Acapulco.

Nunca en la historia del país se había visto que las instalaciones militares fueran vandalizadas, ni siquiera en la época de la llamada “guerra sucia”, en los setentas.

Como tampoco se había visto que la impresentable CNTE tomara las pistas del aeropuerto de Oaxaca –las pistas, no sólo las salas de pasajeros–, en reclamo por que la Federación le quitó el manejo de los recursos de la nómina magisterial.

Las órdenes que tienen las fuerzas federales es la de “contener” pero ni siquiera “repeler” y mucho menos “disolver” –con lo que ello representa– una manifestación.

Esta orden va en contra incluso del entrenamiento de las fuerzas armadas, cuyos miembros ven cómo es que unos encapuchados presuntamente “estudiantes” los agreden física y verbalmente.

Hasta ahora las fuerzas federales han obedecido la orden, pero no está lejano el escenario en el que algunos de sus miembros sientan que ya se rebasó todo límite.

Eso es precisamente lo que quieren quienes pastorean las “protestas”: queman instalaciones públicas, archivos, documentos oficiales, destruyen y roban y de paso patean el avispero esperando una reacción de las fuerzas armadas.

Quieren otro mártir, como si los 43 no fueran suficientes.

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Hoy comparece ante las Comisiones de Gobernación, Puntos Constitucionales y Justicia, que preside la perredista Aleída Alavez, el comisionado para Michoacán, Alfredo Castillo.

El funcionario no tendrá un día de campo, sobre todo a partir del enfrentamiento en Apatzingán, en el que murieron nueve civiles en circunstancias poco claras.

Ayer se dio a conocer un video en el que uno de los nueve muertos, aún con vida, hacía esfuerzos por llamar la atención de alguien.

Las fotos posteriores muestran al sujeto, muerto ya, en una posición totalmente distinta a la del video, con un rifle bajo su cuerpo cuando en la cinta el arma se encuentra por lo menos a un metro de él.

Castillo dijo ayer que hubo muertos “por fuego amigo” o por “fuego cruzado”; puede ser cierto.

El problema radica en que ya es la tercera versión de los hechos que se presenta, y pues como que ya el asunto se le está haciendo bolas.

A ver cómo le va hoy en San Lázaro.

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El senador Armando Ríos Piter, mejor conocido como El Jaguar, tiene un pie fuera del PRD.

No sólo porque renunció a participar en la selección del candidato a gobernador sino porque denunció presiones –no dijo de quién– para no indagar la administración anterior a cambio de la candidatura.

Él sabe que sus días en el partido están contados a pesar de su afirmación de que se mantendrá en el PRD.

¿Ha visto usted un jaguar tricolor? Parece que es cosa de tiempo.

Twitter: @adriantrejo