Opinión

En busca de la credibilidad

 
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Peña Nieto

El presidente Enrique Peña Nieto llega a la mitad de su administración con una carga mixta de méritos y desméritos como resultado de la primera parte de su gobierno.

Es sin duda el líder reformista que impulsó –junto con los principales partidos de oposición– el ambicioso paquete de reformas estructurales. Es el presidente joven que fue capaz de construir un pacto político en el primer año y fracción de su gobierno. La alianza dio frutos, cambió las leyes y dibujó un futuro esperanzador para millones.

La imagen del presidente del cambio, valiente, capaz de arriesgar prestigio y simpatías a favor de la transformación, se vio duramente ensombrecida por el golpe de la 'casa blanca' y las sospechosas relaciones de negocio, beneficios e intereses con una empresa constructora del Estado de México.

El segundo golpe frontal a la imagen del gobierno en su conjunto fue Ayotzinapa y la inolvidable tragedia de los 43 normalistas, donde el gobierno federal reaccionó con retraso, con un deficiente aparato de inteligencia que probó su ineficacia y su torpeza al no estar al tanto de las relaciones entre los Abarca y Ángel Aguirre.

Después de la jornada electoral, donde el balance para el PRI es cuestionable ante la numerosa pérdida –dos millones– de sufragios a su favor, las victorias en la Cámara y en algunos gobiernos –perdió dos claves: Nuevo León y Querétaro– colocan al presidente en una temporal ventaja y comodidad por su mayoría en San Lázaro. La combinación de fuerzas entre el PRI, el –impresentable– Verde y el Panal, le brindarán cierta holgura en el avance de piezas legislativas secundarias, normativas, pero vitales para la implementación de las reformas.

Ante esos escenarios, el presidente enfrenta el gran reto de afinar la puntería y concretar sus objetivos: primero, asegurarse –con éstos u otros funcionarios– que las reformas se hagan una realidad. En este país somos especialistas en poseer leyes de avanzada y de ejemplo mundial, que permanecen empastadas en lujosos tomos de piel, pero que difícilmente alcanzan su cumplimiento cabal. Segundo: estrenemos el connotado y aplaudido Sistema Nacional Anticorrupción. No sirve de nada haber impulsado un paquete de reformas y engranajes fundamentales entre rendición de cuentas, transparencia y sanciones a servidores públicos, si no se ejecuta ejemplarmente.

Tres casos emblemáticos podrían iniciar una serie de investigaciones a fondo y su eventual consignación judicial, con funcionarios de alto nivel señalados pública y mediáticamente por excesos y desvíos: el aún gobernador Padrés (PAN), de Sonora; el todavía gobernador Medina (PRI), de Nuevo León, y el exjefe de gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard (PRD).

Las tres principales fuerzas políticas –para hacer a un lado la recurrente maledicencia partidista– llamados a cuentas, con seriedad y profesionalismo. Investigaciones de calidad, con resultados y hallazgos, no como las pobremente iniciadas y velozmente concluidas por la saliente Legislatura.

Y después, qué tal si seguimos con algunos líderes sindicales, de esos que llevan dos y tres décadas instalados en la “democrática” representación de los trabajadores.

Si el gobierno federal sigue pagando a los extorsionadores de la CNTE, no existen muestras claras de que este gobierno sea diferente a los anteriores. En consecuencia, la ambiciosa reforma educativa, esencial para lanzar a este país al siglo XXI, será solamente retórica equívoca del secretario del ramo.

La lista es larga en el servicio público federal, estatal y municipal; en el Legislativo y el Judicial. Pero no lo es menos en la empresa privada y los muchos evasores fiscales o comisionistas de funcionarios corruptos.

Si no empiezan los castigos y las penas, la auténtica lucha contra la impunidad, esta administración dejará pasar la oportunidad de hacer historia y atacar a la corrupción de raíz.

Hay tiempo, faltan tres años, y si bien se han complicado los tiempos políticos por los precipitados destapes y arranques de campaña, la mirada y la concentración deben fijarse en la transformación y el cambio de fondo.

Twitter: @LKourchenko

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