Opinión

En bayonetas

 
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Con cortés sutileza y revestida de reconocimiento, el primer mandatario ratificó la orden a las Fuerzas Armadas mexicanas de continuar, acudiendo a su total lealtad y servicio a la Patria, apoyando las labores de seguridad pública en todo el país, en tanto se fortalecen (algún día) las estructuras policiales.

Pronta fue la reacción del Ejecutivo a las claras y contundentes declaraciones de su secretario de la Defensa Nacional sobre la urgente necesidad de contar con un marco jurídico definido que dé soporte y certeza a la tarea que les ha sido asignada y que corresponde, por su naturaleza, a otras instancias del Estado.

La inusual y venturosa declaración del alto mando, hizo a más de uno levantar las cejas, tanto por el abierto reclamo a quienes toca, por ley y condición, asumir esa responsabilidad y no la cumplen, como por el evidente disgusto castrense sobre el cómodo empleo de la fuerza armada en una función que no les es propia, sin las herramientas legales para acometerla.

La ocurrentísima estrategia gubernamental calderoniana contra el narcotráfico, sustentada en las bayonetas, ha cobrado vigor, contrario a lo propuesto desde el inicio de la presente administración de más inteligencia y menos balas y va adquiriendo carta de naturalidad entre la sociedad ver a nuestros soldados en tareas de policía, sin que, concurrentemente, el armado institucional se consolide para tornar a la normalidad deseada: comodidad y cinismo.

Oscuro escenario se ofrece para el futuro inmediato de este país, ante las contingencias externas e internas, que minuto a minuto nos toman por sorpresa.

Definitivamente, ha quedado claro que no es momento de cambiar modelos. Los soldados son pieza fundamental de contención, de mantenimiento del statu quo en la turbulencia.

En tanto, nuestros patriotas legisladores, gobernadores impolutos y abnegados ediles, tienen otras colosales y urgentes tareas que atender.

General, mándeme más soldados…estoy de vacaciones…

Correo:grhhuizar@gmail.com

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