Opinión

Empresarios así de mediocres dan asco


 
 
¿Es admirable el atleta que refunfuña cuando se eleva la barra de exigencia de su disciplina deportiva? ¿Aspiraríamos a que nuestros hijos emulen la vida de artistas quejumbrosos que sólo maman becas del gobierno? ¿Se convierten en grandiosas las historias de líderes sociales que sólo vociferan contra regímenes totalitarios? No.
 
 
Uno admira a quien logra hazañas a pesar de las dificultades. En teoría, los empresarios deberían tener ese chip: sobreponerse a entornos complejos creando soluciones nuevas, de amplia escala.
 
 
Eso, precisamente, es lo que no tenemos en México.
 
 
Me enferma, y mucho, el cúmulo de quejas que los empresarios han lanzado contra la reforma hacendaria. Ejemplos hay decenas: el presidente del Consejo Coordinador Empresarial y del Caribe, Rafel Lung, quejándose (“la propuesta… impacta negativamente a la gran mayoría de la sociedad”); el Consejo Nacional de la Industria Maquiladora y Manufacturera de Exportación, y una de sus voceras, Claudia Troitiño, quejándose (“fuertes impactos” derivados de la iniciativa); Pedro Higuera, de la Coparmex, igual (“la reforma hacendaria no alentará la inversión ni la generación de empleos”). Y así muchos más: Luis Hernández García, y el peor de todos, Claudio X. González.
 
 
Yo no quiero que los hijos de mi generación imiten a estos “empresarios”, que se quejan. Quiero que vean a los que innovan, a los que se sobreponen a las dificultades del entorno —sean tecnológicas, competitivas, fiscales o de cualquier otra naturaleza. No puedo evitar decir que me dan hueva los quejumbrosos. Me gustaría saber de ellos por sus innovaciones, inventos, productos nuevos, etc., no porque les asusta la reforma hacendaria.
 
 
Por eso, en este menú de mediocridad, mejor me quedo con las sólidas palabras del secretario Videgaray en su comparecencia de ayer en el Senado: “Es una reforma justa porque introduce nuevos elementos de progresividad, como por ejemplo una tasa más elevada para aquellos que más ganan, a partir de los 500 mil pesos anuales. Y recordemos que quien gana más de 500 mil pesos al año está en el 1 por ciento más favorecido de nuestra población”. Lo que pasa, Luis, es que los dueños no perdonan la casa en Valle, ni el viaje semestral a Houston.
 
 
Twitter: @SOYCarlosMota