Opinión

Empleo, ¿expectativas o realidad?


 
Más allá de tabúes ideológicos, el modelo productivo derivado de la globalización privilegia al capital sobre el empleo. Los procesos de estandarización y la alta competencia a nivel mundial, obligan a reducir el precio de la mano de obra y las grandes empresas buscan la localización que tenga menores salarios.
 
Peor aun cuando la movilidad del capital es tan alta y rápida que de un día para otro puede meter en serios dificultades a las naciones. Pongamos como ejemplo el caso de España, que hoy tiene una severa crisis y su tasa de desempleo llega a 27%, y en lo jóvenes es de un 'increíble' 56% ; es decir, prácticamente 6 de cada 10 jóvenes menores de 25 años se encuentran sin laborar.
 
Cuando conocemos las cifras de desempleo en México, pareciera que los problemas son menores, pero la realidad es muy diferente. La tasa de desocupación prácticamente se ha institucionalizado alrededor de 5% y se compara desfavorablemente con una cercana a 2%  a principios de esta década.
 
Internamente se ha abatido la presión social con una elevada migración hacia Estados Unidos, que en sus mejores años llevó a que salieran aproximadamente 400,000 personas anualmente, además de haber solapado la actividad informal a tal grado que hoy seis de cada 10 trabajadores se encuentra en esa situación.
 
Los resultados son poco alentadores: una economía formal incapaz de ocupar a quienes se van integrando al mercado laboral, el surgimiento de un ola de muchachos que no estudian ni trabajan, reducción de los salarios y un nivel bajo de prestaciones sociales. El colofón se ve reflejado en la elevación de la pobreza.
 
En contraparte, hay expectativas muy alentadoras sobre México, se habla de su liderazgo latinoamericano y del despegue económico con la aprobación de reformas estructurales; sin embargo, esa perspectiva no se ha traducido en realidad y las cifras de producción revelan que se está creciendo por debajo de lo esperado. Todo parece indicar que en 2013 el crecimiento del PIB será inferior a 4%, y provocará mayor desempleo y el avance de la informalidad.
 
El tiempo avanza y el famoso bono poblacional se convertirá en una factura por pagar. Con el boom de jóvenes entrando a la edad de trabajar, el pronóstico era que generarían una masa crítica de demanda de bienes y servicios con su consecuente impulso en la producción. Empero, esto se da bajo el supuesto que encuentran una actividad bien remunerada; de lo contrario se convierten en una fuerte carga social con las consecuentes crisis en los ámbitos económico y político. Sólo basta echar un vistazo a España para darnos una idea del riesgo.
 
Esta administración, al igual que la de Carlos Salinas, ha tenido una habilidad especial para generar buenas expectativas, que urge se conviertan en realidad, pues de otra manera el tiempo nos alcanzará. El sexenio anterior se autoproclamó desde su inicio como la presidencia del empleo y fue un fiasco; la pregunta es si en este periodo de gobierno le darán la debida atención.
 
 
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