Opinión

Empiezan las presiones

      
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TLCAN acelerado. (Especial)

Se ha difundido la creencia de que el apremio estadounidense por renegociar el TLCAN es sólo un capricho de Donald Trump, consecuencia de la animadversión que le tiene a los mexicanos. También se piensa que el Tratado ha sido tan benéfico para Estados Unidos y Canadá como lo ha sido para México y que, por ello, la opinión pública y la iniciativa privada de esas naciones se oponen a la anulación del tratado y puede ser nuestras aliadas para defenderlo.

Lo cierto es que los enemigos que el TLCAN tuvo allá desde el principio fueron creciendo; lo que Trump hace es canalizar ese descontento en su provecho político. Junto a los designios proteccionistas de firmas que se han mostrado incapaces de competir con las importaciones mexicanas, hay demandas fundadas y legítimas. Las empresas que trasladaron su producción a México mejoraron sensiblemente su rentabilidad, pero el cierre de fábricas y la pérdida de empleos llevo a la decadencia a muchas ciudades. No se hizo lo suficiente para reentrenar a los cesantes o para atenuar los efectos regionales.

Veamos por ejemplo lo que ha sucedido en la provincia de Ontario. Ahí se empezaron a armar carros casi al mismo tiempo que en Detroit, haciendo a Canadá el segundo productor mundial en los años veinte. El proteccionismo impidió que su industria automotriz creciera más allá del mercado local, hasta que en 1965 se firmó un acuerdo de eliminación de aranceles con Estados Unidos (conocido como Auto Pact). En tres años las exportaciones de vehículos pasaron del 7% al 40% de la producción total. Aprovechando los menores costos, las tres grandes compañías americanas levantaron media docena de instalaciones en el sur de la provincia. Todo eso cambió en la última década: la mitad de ellas cerró y las que subsisten pierden cada año cuotas de producción.

La nueva capacidad instalada se construye en nuestro país porque el pago por hora es cinco veces menor, con la misma calidad y productividad. A los canadienses no les parece justo que México venda hoy más coches que ellos.

Ingersoll es una población de 13 mil habitantes, famosa únicamente por su queso cheddar. En 1989 se ubicó ahí Cami Automotive de General Motors, que hasta hace un par de meses hacía dos modelos de camionetas ligeras (GMC Terrain y Chevrolet Equinox).

No obstante que Cami es una de las factorías más productivas y ha ganado premios de eficiencia, en julio despidió a 600 trabajadores y trasladó el montaje de la Terrain a Ramos Arizpe y San Luis Potosí, donde también ha empezado la manufactura de la Equinox. Ante la inseguridad laboral que esto les causa, con el respaldo de todos los pobladores de Ingersoll, los 2,800 operarios se fueron a huelga el domingo en la noche. Lo que piden es que Cami sea la planta líder de la versión rediseñada de la Equinox, que se empezó a fabricar en enero y será presentada en noviembre. Es decir, que en ningún otro lado se manufacturen más camionetas de ese modelo que en Ingersoll. Unifor, el sindicato que los representa, ya consiguió que Fiat Chrysler y Ford acepten la cláusula de “lead plant” y GM seguramente accederá.

Las automotrices están pasando por una crisis doble. Por una parte, no está muy claro cuál será el ritmo al que el mercado y los reguladores van a ir asimilando la evolución de los autos híbridos a los eléctricos y a los autónomos. Hay una onerosa carrera tecnológica, en la que también participan los asiáticos y los europeos.

Por otro lado, la preferencia de los consumidores por los crossovers (combinación de auto de lujo con camioneta, como la Equinox) ha tirado la venta de los subcompactos (22% en lo que va del año) y los de lujo (un Cadillac en leasing se consigue hoy por la mitad que hace un año). El martes Ford anunció un recorte en la producción de subcompactos en tres plantas en Estados Unidos y dos en México, suspendiendo temporalmente a parte del personal.

Al reanudarse la renegociación el sábado en Ottawa, constataremos que parte de la industria local y el Primer Ministro Justin Trudeau secundan a Unifor en su exigencia de que las condiciones laborales y salariales que se brindan en México sean equivalentes a las de allá.

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