Opinión

Ellsberg denuncia el "golpe ejecutivo" a la Constitución


Con toda la autoridad que le da el haber sido el protagonista --junto a su colega Anthony Russo-- del escándalo "los papeles del Pentágono", que exhibieron la injerencia militar secreta de Estados Unidos en el sureste asiático entre 1945 y 1967, un año antes de que se destapara el Watergate que costó la presidencia a Richard Nixon, a sus 82 años Daniel Ellsberg sigue defendiendo el derecho universal a la información, abanderado estos días por Bradley Manning, Julian Assange y Edward Snowden.
 
"Ser llamado un traidor es parte del precio por expresar las verdades que el presidente no quiere oir. Yo pagué ese precio, manifestó Ellsberg a la cadena ABC News al recordar su caso, que 40 años después está más vigente que nunca ante el juicio a Manning, el ilegal sitio de casi un año a la embajada ecuatoriana en Londres, donde se refugia Assange, y el acoso a Wikileaks por mostrar al mundo la barbarie de las fuerzas armadas norteamericanas en Irak y las indiscreciones y excesos del Departamento de Estado.
 
Ha sido precisamente en The Guardian, el diario británico que ya público con otros medios el Wikigate, sacudiendo al establecimiento diplomático --en México le costó la cabeza al embajador Carlos Pascual, además de reseñar la enfermiza dependencia del régimen calderonista hacia la Casa Blanca--, donde Ellsberg ha detallado su reivindicación de la libertad de prensa, al asegurar que tras el martes negro, siempre plagado de sospechas, EU vivió un "golpe ejecutivo contra la Constitución", primero en forma subrepticia y ahora "crecientemente abierta".
 
Sostiene que la cuarta y la quinta enmiendas de la Carta Magna estadounidense, "que salvaguardan a los ciudadanos de la intromisión ilícita del gobierno en sus vidas privadas, han sido virtualmente suspendidas", sin dar crédito a los alegatos del equipo de Barack Obama sobre la legalidad del espionaje mediante la muy secreta Corte de Vigilancia de la Inteligencia Extranjera --pocos saben cuándo y dónde se reúne a sesionar--, que recuerda, Russel Tice, exanalista de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), define como "una corte vendida que aprueba todo".
 
Tiranía
 
Ellsberg se remonta a una conversación sobre la NSA con el influyente senador Frank Church en 1975, en la que el legislador apuntó que "hay capacidad para una tiranía total en EU y debemos ver que esta agencia, y todas las que posean la tecnología, trabajen dentro de la ley y bajo supervisión apropiada, para que nunca crucemos el abismo del que no hay retorno", subrayando que los nuevos medios digitales dan poderes a la NSA y otras corporaciones, como la CIA y la FBI, que ni siquiera hubiera soñado en su momento la siniestra Stasi de Alemania Oriental.
 
Advierte que EU ya cayó en el abismo temido por Church. ¿Pero es posible salir? Su respuesta es optimista, gracias, puntualiza, a que Snowden decidió dar un paso adelante al ver a los programas de espionaje de la "comunidad de inteligencia" como lo que son: "peligrosos, actividad inconstitucional", una "invasión general a la privacidad de los ciudadanos estadounidenses y extranjeros que no contribuye a nuestra seguridad (lo que ya se confirmó con creces en el misterioso atentado de Boston), sino que ponen en peligro las libertades que tratamos de proteger".
 
Las similitudes entre Ellsberg, Manning y Snowden son evidentes. Hace cuatro décadas, el primero, analista de la Corporación Rand, acompañado por Russo y con la ayuda del equipo del desaparecido senador Edward Kennedy --cuanta falta le hace al Estados Unidos de Obama--, confió a The New York Times los archivos que este día nos permiten explicarnos una era de intervención abyecta y genocidio en la antigua Indochina. Como el soldado Manning, Ellsberg y Russo también fueron juzgados (¡con base en una ley sobre "traición a la patria" de 1917!), pero resultaron exonerados en 1973. En pleno Watergate, a fin de cuentas otro caso de espionaje del poder, hubiera sido increíble un fallo condenatorio. Hoy, pareciera ser necesario otro freno a la impunidad de las cúpulas para preservar las libertades.