Opinión

Elementos para evaluar el Paquete Económico 2017

 
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Más allá de los detalles específicos del Paquete Económico para el próximo año (entorno macroeconómico, así como propuestas de Ley de Ingresos y de Presupuesto de Egresos) que se analizarán en los próximos días, existen diversos elementos para evaluar las implicaciones de la propuesta gubernamental previsible. Un paquete sin sorpresas: no habrá modificaciones de impuestos ni al alza ni a la baja, según el compromiso presidencial de hace dos años; se volvió a garantizar parcialmente el ingreso petrolero del gobierno federal mediante coberturas de precios para 250 millones de barriles (un tercio de la producción nacional y dos tercios de las exportaciones) a 38 dólares por barril, lo que al menos 'asegurará' una parte del gasto presupuestal; y todo el ajuste de las finanzas públicas se hará en el gasto programable, a fin de alcanzar un superávit primario en 2017 por primera vez desde 2008 y contener la tendencia creciente de los requerimientos financieros (RFSP) y de la deuda del sector público.

Buenas intenciones pero del “dicho al hecho hay un gran trecho”. De acuerdo con un análisis de GEA, en esta administración sistemáticamente se han subestimado los RFSP; en 2016 serían 15.3 puntos porcentuales del PIB superiores a los estimados en los Criterios Generales de Política Económica (CGPE) de 2013 (50.5 por ciento vs. 36.2 por ciento del PIB), 10.6 puntos más que lo anticipado en 2014, 8.0 puntos más que en 2015 y 3.7 puntos a lo previsto en los CGPE de 2016. Además, de manera recurrente cada año el gobierno ha planteado una trayectoria descendente de los RFSP para los siguientes años, lo que está lejos de haberse cumplido. Lo mismo ha sucedido con el déficit y la deuda públicos. En 2013-2016 el balance primario anual sería deficitario en 0.9 por ciento del PIB en promedio, en tanto que la deuda neta del sector público aumentaría de 36.9 por ciento a 48.5 por ciento del PIB en ese periodo. Ello ha implicado un deterioro de la capacidad de pago del país: la relación deuda neta a ingresos tributarios pasaría de 3.5 veces en 2012 a cuatro veces en 2016.

Para 2017 el cumplimiento de las metas será particularmente importante, no sólo por el cambio de la perspectiva de la deuda mexicana, de estable a negativa, por parte de las calificadoras internacionales, sino por la crisis de credibilidad generalizada que enfrenta el gobierno. En ese sentido, los 'nuevos' indicadores para el seguimiento de las finanzas públicas que se anunciaron el mes pasado son un pequeño paso en la dirección correcta, pero falta mucho por hacer; de entrada, que los indicadores sean reproducibles de manera independiente, lo que implica que la SHCP publique toda la información para hacerlo ya que actualmente varios indicadores no se pueden construir por falta de información como el del gasto corriente estructural o el de la inversión financiera.

Más importante aún es que los ajustes al gasto sean creíbles y sobre todo visibles, y que no se queden sólo en los anuncios. Es evidente la necesidad de recortar el gasto en programas con poca o nula efectividad en el desarrollo económico y social (¡sería deseable hacerle caso a Coneval en sus evaluaciones!), que hay muchos; replantear múltiples programas (¿y el Presupuesto base cero, dónde quedó?; y reducir gastos cuyo nivel y destino constituyen una afrenta para la población (publicidad, partidos, poder legislativo, INE, etcétera).

En ese entorno, lo que se haga o se deje de hacer con las empresas productivas del Estado también será de particular relevancia, sobre todo en Pemex y su supuesto programa de reestructuración o 'nuevo plan de negocios' como le han denominado y que debiera incluir monetizar activos productivos, desincorporar los no productivos (fertilizantes, por ejemplo), acelerar la participación privada en instalaciones de refinación, almacenamiento y distribución, agilizar los denominados farm outs, y migrar las asignaciones a contratos, entre otras medidas. Sólo así se empezará a recuperar la credibilidad perdida, al menos en este ámbito.

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