Opinión

Elecciones y perfecciones

 
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Elecciones en México 2015

El 5 de junio nos recordó, una vez más, que los resultados de las elecciones los definen los votantes; no los candidatos, no los analistas, tampoco los encuestadores. El voto es una manifestación popular democrática. Los candidatos buscan influirlo, los analistas interpretarlo y los encuestadores estimarlo, pero es bueno saber que el voto popular se mueve con un alto grado de autonomía.

Como en cada elección, las encuestas en su conjunto abonaron a una discusión pública sobre lo que podría pasar o no pasar en las urnas el pasado domingo y por qué. También tuvieron errores que hay que discutir. No obstante, a quienes creen que éstas no fueron capaces de prever lo que sucedió el domingo, les comento que en el Political Intelligence Summit de EL FINANCIERO-Integralia celebrado diez días antes de la elección, me permití presentar tres escenarios de pronóstico, en uno de los cuales se planteaba la derrota priista en Chihuahua y Durango y se asignaban cinco estados al tricolor (era mi escenario menos probable, pero ahí estaba marcado con toda claridad).
El análisis para ese pronóstico tomó como base las encuestas públicas, nada más.

Ya se viene haciendo hábito que después de cada elección los críticos abren una temporada de cacería de encuestas para señalar cómo fallan y, por lo visto, luego de este 5 de junio, creen tener más municiones que de costumbre. Pero la mayoría son salvas. Me explico:

Hacer encuestas es una tarea perfeccionista. Se busca estimar resultados electorales inciertos con el mayor grado de precisión posible. Esto se hace a sabiendas de que la naturaleza de los sondeos conlleva la inevitabilidad del error muestral (mejor conocido como margen de error) y que están sujetos a una diversidad de fuentes de error de tipo no muestral (v.g. diversos efectos causados por el cuestionario, el entrevistador, los entrevistados, las condiciones de la entrevista, los hábitos o prácticas de cada casa encuestadora, etcétera). Parte de la tarea de encuestar es tratar de minimizar los efectos de éstas segundas, de manera que las estimaciones estén dentro del rango que marca el primero. Este perfeccionismo vale por sí mismo, pero la perfección a la que se aspira es un intervalo de confianza.

Juzgar a las encuestas debe reflejar también una actitud perfeccionista. Cualquier dato que no resulte exacto se señala como una falla, e incluso como una crisis de las encuestas. Me parece que es una actitud saludable, porque en una cultura como la nuestra, tolerante a la impuntualidad o a la informalidad, exigir exactitud y precisión a los encuestadores beneficia a la profesión.

Las críticas a las encuestas suelo ubicarlas en dos grupos: las categóricas y las analíticas. Las primeras descalifican, por lo general usando argumentos impresionistas, puramente descalificadores o apelando a teorías conspirativas, por lo que el debate que generan es apasionado pero limitado. Mi sugerencia es respetarlas. Las segundas son más escasas pero muy valiosas, ya que señalan aspectos puntuales de métodos y prácticas de encuesta y difusión de resultados.

Mi postura es agradecerlas y promoverlas. Una crítica a las encuestas que sea perfeccionista y que minimice también su propio error debe ser capaz de poner presiones sin impresiones.

Agregaría que, para las encuestas, procurar la precisión es inseparable de procurar la transparencia, tanto de método como de diseminación (ver este link). Escuché de un encuestador que es mejor no dar datos al diseminar algunas encuestas. Estoy en desacuerdo. Más información es mejor; menos información nos deja en la opacidad.

El influyente politólogo Robert Dahl nos legó la noción de que la democracia no llega a ser del todo perfecta, pero que en todo momento es perfectible. Por su naturaleza, las encuestas se apegan a un principio muy similar. Y si estiramos un poco la analogía, las encuestas también se fortalecen con la crítica, la pluralidad, la libertad, la competencia, el apego a las reglas, la transparencia y la rendición de cuentas. No es accidental que encuestas y democracia vayan juntas de la mano.

Twitter: @almorenoal

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