Opinión

Elecciones violentas

 
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Javier Duarte de Ochoa. (http://www.veracruz.gob.mx/gobiernover/gobernador/)

La combinación de inseguridad y competencia electoral ha generado un coctel explosivo que amenaza con descarrilar algunos de los procesos electorales del próximo 5 de junio. Entidades como Tamaulipas y Veracruz se presentan como las más delicadas en este sentido tanto por alto grado de confrontación entre las partes, como por el nivel de violencia que supera con mucho los mínimos tolerables para llevar a cabo una competencia electoral. Y es que en ambas entidades las encuestas marcan una cerrada carrera que podría concluir en un conflicto electoral en tribunales e incluso en la anulación del proceso en su totalidad.

Tamaulipas ha sido desde hace tiempo un estado en donde el crimen organizado ha ocupado espacios físicos y políticos, al grado de que dos exgobernadores –Eugenio Hernández y Tomás Yarrington– son buscados por la justicia norteamericana por delitos de lavado de dinero y narcotráfico, entre otros delitos. El asesinato del entonces candidato priista a la gubernatura Rodolfo Torres Cantú en 2010, fue la acción más violenta de los narcos en su proyecto de control absoluto del poder en el estado.

Las recientes acusaciones hechas por Manlio Fabio Beltrones en el sentido de que el candidato panista Francisco García Cabeza de Vaca estaría vinculado a la delincuencia organizada, así como tres de sus propios abanderados a distintas presidencias municipales, los cuales fueron cesados de sus respectivas candidaturas, reflejan por un lado el avance electoral del panista en las encuestas, y por otro el hecho de que el tema de la inseguridad dejó de ser un problema de todos para aventarlo de uno a otro bando a ver a quién causa más daño. No es el PRI precisamente quien tiene en Tamaulipas la cola más corta, aunque sabe muy bien que disparar esa clase de dardos funciona muy bien a unos días de la elección.

Lo raro en este caso es que ningún partido o candidato ha denunciado presión alguna por parte de la delincuencia organizada, como si por arte de magia los malosos hubiesen desaparecido durante las campañas, lo que obviamente no está sucediendo. Las autoridades electorales y las federales deberán ser muy cuidadosas al momento de dictaminar y sancionar la validez de los comicios en Tamaulipas, donde podrían estar determinando como válido un proceso donde la simulación sea la constante y el control de los criminales sobre el poder político en Tamaulipas termine siendo total.

Algo similar ocurre en Veracruz en donde la lucha fratricida entre los Yunes adquiere características de tragedia griega en donde al final todos terminan muertos. Y es que el lodo familiar no ha tenido límite en un estado donde los criminales se regocijan de la combinación del desgobierno de Duarte con la guerra desatada entre los Yunes y capitalizada por el candidato de Morena, Cuitláhuac García. Todo apunta a un conflicto postelectoral en medio de una entidad desbordada por la delincuencia y la falta de Estado de derecho que amenaza con agravarse a partir del día de las elecciones.

Tamaulipas y Veracruz son dos focos rojos para la seguridad nacional y no únicamente en función de una disputa partidaria del próximo 5 de junio. El riesgo real está en la posibilidad de ver desaparecidos los poderes de ambas entidades, y tener que inventar figuras jurídico políticas aceptables para empezar a reconstruir un tejido social destruido por décadas de corrupción, prepotencia, impunidad y tolerancia hacia aquellos que ocuparon los altos mandos y que además de saquear el erario, entregaron espacios a los criminales. De ese tamaño es la irresponsabilidad de los gobernadores en este país.

Twitter: @ezshabot

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