Opinión

Elecciones riesgosas

 
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Trump. (Reuters)

La vinculación económica entre México y Estados Unidos se ha venido estrechando de manera significativa en los últimos años. Los efectos del Tratado de Libre Comercio de las Américas han generado sinergias profundas que han enlazado dichas economías de manera tal que hoy es imposible pensar en mecanismos de desenganche sin considerar los terribles efectos nocivos que esto tendría en ambos países. Es esta una situación similar a la que vive la Unión Europea frente a la eventual salida de Gran Bretaña de su bloque. Las complicaciones para desconectar economías interdependientes que han generado poderosos intereses durante décadas, no es un asunto sencillo.

En todo caso la discusión sobre los daños ocasionados a distintos sectores sociales a consecuencia del libre comercio parece haberse convertido más en una disputa política en busca de votos, que en un estudio de los efectos de la reconversión industrial que en los últimos años ha modificado de manera profunda las cadenas productivas y cambiado la composición del empleo en beneficio del sector servicios y en detrimento de la industria en sentido estricto.

Los grupos sociales afectados por esta realidad han sido convencidos de que el problema se reduce al traslado de empresas y trabajos desde Estado Unidos hacia México entre otros países, debido al bajo nivel salarial y a los reducidos costos de producción en general. Es esto una simplificación de la realidad, en la medida en que los procesos productivos están tan interconectados entre las plantas ubicadas en la Unión Americana y las otras funcionando en nuestro país, que el tema de salarios y costos se convierte sólo en uno de los factores que se toman en cuenta a la hora de definir la estrategia de estas grandes empresas.

Es cierto, hay un amplio sector en el centro de Estados Unidos que no ha podido incorporarse a los beneficios de la economía expansiva del libre comercio, pero más en función de los efectos del cambio tecnológico, que como producto de la huida de capitales y empresas hacia México. El discurso de Trump, que ubica a México y a China como los principales causantes del deterioro de aquellos perjudicados por la falta de integración al desarrollo del país, le permite al candidato republicano y a sus seguidores personificar a los causantes de su desgracia y responsabilizar a la administración Obama -y por extensión a Clinton- de su propia desgracia.

Es por ello que en esta ocasión, a diferencia de las anteriores, un triunfo republicano dañaría seriamente la relación entre ambos países y ambas economías. No tanto por lo que en realidad podría hacer, sino por las expectativas negativas que los demagogos producen y que terminan por dañar la calidad de vida de la población. Hoy, el gobierno de Theresa May en Gran Bretaña tiene que pagar las consecuencias de una decisión irresponsable y en la práctica imposible de procesar.

Desconectar económicamente al Reino Unido de Europa, lo que sería algo como girar la rueda de la historia medio siglo hacia atrás, en este momento parece imposible.

Lo que queda claro tanto en Europa, como en Estados Unidos y también se aplica para México, es que suponer que aquellos marginados de la integración económica y el desarrollo mágicamente se unirán al progreso algún día, representa el peligro más grave para las sociedades del siglo XXI. Los demagogos y populistas saben explotar los sentimientos y frustraciones de ese segmento poblacional, y si no hay políticas claras de inclusión y respuesta efectiva, los iluminados terminarán por ganar la batalla electoral que conduce al vacío de programas de gobierno reales y al encumbramiento de autócratas y extremistas. Ese es el riesgo.

Twitter: @ezshabot

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