Opinión

Elecciones en Taiwán: China en la mirada

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Taiwan election. (Reuters)

Empieza el año y volteamos al este de Asia pues el próximo sábado los taiwaneses elegirán a un nuevo presidente y a una nueva Legislatura. Como en otras partes del mundo, el electorado decide con base en asuntos internos, siendo los más importantes la recesión económica, el aumento de la desigualdad y el envejecimiento de la población. Sin embargo, debido al carácter particular de Taiwán en el sistema internacional –sólo 20 países lo reconocen como Estado– el ámbito exterior es definitorio, en particular la relación bilateral con China, y de manera triangular, con Estados Unidos. Para otros países, que somos cercanos a la Republica Popular China, pero que mantenemos relaciones económicas con Taiwán, el resultado puede ser también muy importante.

China considera a Taiwán una más de sus provincias. Desde mediados del siglo XX los dirigentes chinos han sostenido que es inalienable de su territorio y defienden a capa y espada la política de “una sola China”. Estados Unidos empezó a interesarse en la isla desde el triunfo del Partido Comunista Chino de Mao Zedong sobre el Partido Nacionalista (Kuomintang) de Chiang Kai Shek en la guerra civil (1946-1950), al que apoyó financiera y militarmente para contener el avance comunista. Por este motivo, la isla ha sido un punto contencioso en las relaciones entre ambos países desde hace más de sesenta años: el estado que guarde la relación entre Pekín y Taipéi determinará en gran medida la de Estados Unidos con ambos.

Taiwán es una joven república democrática que cada cuatro años elige a un presidente, con políticas nuevas y reacomodos en las relaciones exteriores. El sistema de partidos taiwanés pasó del unipartidismo del Kuomintang –que gobernó la isla de manera intermitente entre 1949 y 2000 y que volvió al poder en 2008– al bipartidismo, cuando se incorporó a la vida política el Partido Demócrata Progresista (PDP), el primer partido opositor que se legalizó en Taiwán.

El acuerdo político está en vías de transformarse como resultado de las presiones de la sociedad civil organizada. Las generaciones más jóvenes han crecido bajo gobiernos democráticos y están acostumbradas a libertades civiles. El movimiento estudiantil del Girasol de 2014 influyó en la manera de pensar de los taiwaneses vis à vis la RPCH. Los menores de 30 también esperan giros en políticas sociales como las causas de las minorías, de la legalización de matrimonios igualitarios a los derechos de los pueblos indígenas.

El actual presidente, Ma Ying-jeou (del Kuomintang), suscribió acuerdos para normalizar las relaciones con Pekín, preservar la paz y la estabilidad y aumentar las relaciones económicas. La mayoría de los taiwaneses apoya mantener buenas relaciones con China, pero cree que acercarse demasiado a China empeora sus problemas financieros y avanza el interés último de Pekín de reunificación. En un contexto económico desfavorable, como consecuencia de la desacelaracion de la economía china, se espera que en estas elecciones el electorado castigue al Kuomintang. Las encuestas más recientes advierten de que el PDP y su candidata Tsai Ing-wen tienen ventaja. Sería la primera vez que un partido de oposición controlara el Legislativo (el PDP ya ganó el Ejecutivo entre 2000 y 2008) y que una mujer asuma el poder.

Es natural el recelo de China. Los chinos insisten en que cualquier líder de Taiwán debe aceptar el consenso de que hay una sola China para mantener relaciones óptimas. El Kuomintang ha aceptado esos principios, pero no el PDP, que se inclina a favor de la independencia formal. En la campaña Tsai no ha hablado de que seguirá ese camino, pero ha insistido en buscar acuerdos económicos con otros actores regionales y extracontinentales, como el TPP.

Taiwán y el sur de Asia se encuentran en un momento de redefinición ante el poderío chino. El electorado taiwanés ya no elige al partido “natural gobernante” como garantía de estabilidad y paz con China ni ve como un riesgo el triunfo del PDP. Quizá Tsai llevará a un punto crítico las relaciones en el estrecho de Taiwán, pero también puede ser una líder pragmática que aumente el margen de negociación con China. Las dos economías son extremadamente interdependientes y en un contexto de inestabilidad financiera y de decrecimiento económico, sería deseable que quien gane las elecciones mantenga una relación fluida, pero renovadora con la RPCH. El mundo no necesita nuevos focos de tensión en estos momentos.

Twitter: @lourdesarandab

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