Opinión

Elecciones en Estados Unidos, ¿continuará la parálisis?

El próximo martes 4 de noviembre se llevarán a cabo elecciones intermedias en Estados Unidos, para renovar la tercera parte del Senado y la totalidad de la Cámara de Representantes. Actualmente, los demócratas son mayoría en la Cámara alta y los republicanos en la Cámara baja. Entre los republicanos la presión de los partidarios ultraconservadores del llamado tea party en el Congreso, ha contribuido a la parálisis en la toma de decisiones de la administración del presidente Obama.

Los dos partidos políticos estadounidenses parten del consenso de valores liberales democráticos. Son partidos “atrapa todo”, con idearios difusos y plataformas variables. Las elecciones se han vuelto un asunto en el que importa más la maquinaria electoral y los recursos con los que cuentan los candidatos y sus partidos, que sus plataformas. Una crítica recurrente en estas elecciones se dirige hacia el gasto excesivo y el financiamiento de las campañas, que ha vuelto una carrera de caballos en una de Fórmula 1. Hoy importa más la potencia del motor que la pericia del jinete.

El pesimismo sobre el futuro incierto del país prevalece en buena parte del electorado. A diferencia de elecciones anteriores, en esta ocasión no hay un tema único en el que se centren las campañas. Los asuntos internos, principalmente la recuperación de la economía y las reformas del sistema de salud, son los más importantes, pero aumenta la preocupación por asuntos de seguridad nacional: desde ataques terroristas perpetrados por ciudadanos o grupos afines al Estado Islámico hasta la expansión del ébola.

El electorado se pregunta si sus gobernantes tienen la capacidad necesaria para superar estos problemas. Muchos ciudadanos sienten que el país ha perdido la autoridad para lidiar con los principales desafíos que enfrenta. Los republicanos señalan como responsable a Obama. Incluso los demócratas, en particular aquellos que disienten en algún grado con las políticas del presidente, han procurado durante sus campañas distanciarse de él.

La ventaja que hasta ahora tienen los republicanos por el control de las cámaras del Legislativo no asegura que ganen el próximo martes. No han logrado recuperarse de la pérdida de simpatizantes desde la elección presidencial de 2012. No han articulado un discurso que atraiga simpatizantes que tradicionalmente han estado marginados de su partido –como los hispanos y los afroamericanos o las mujeres y los jóvenes– quienes suelen votar por el Partido Demócrata. Al mismo tiempo, los electores identifican al Partido Republicano como el más cercano a los grandes empresarios y al sector financiero. En esas condiciones, la estrategia del Partido Republicano en esta elección ha sido más bien atrincherarse en su fortaleza en los estados conservadores del sur y del oeste, donde podría conseguir victorias decisivas, que le otorguen el control del Senado.

Ahora bien, la esperanza de los demócratas podría fincarse en el apoyo de minorías étnicas en estados clave, como los indígenas estadounidenses en Alaska o en Dakota del Sur. Estos grupos podrían ser el fiel de la balanza y evitar que los demócratas pierdan la mayoría en el Senado.

Aun cuando los demócratas mantuvieran la mayoría en el Senado, el liderazgo del presidente Obama quedará minado tras las elecciones, como sucede en la segunda parte del segundo mandato de cualquier presidente estadounidense. Se convertirá en lo que se conoce en la jerga política como “pato rengo” (lame duck), un presidente sin autoridad y paralizado ante un poder Legislativo completamente dividido, en espera del fin de su mandato.

Sin duda este escenario no sería lo más deseable para él o para el resto del mundo, ante las crisis internacionales recurrentes, como el aumento de la violencia en Medio Oriente, el fortalecimiento del Estado Islámico, la caída en los precios del petróleo y su impacto en las economías productoras, la crisis económica europea, el amenazante protagonismo de Putin o la presencia militar de China en el sudeste asiático.

Sería deseable, aunque difícil, que ante este escenario el sistema de pesos y contrapesos se mantenga y que las dos cámaras queden en manos de partidos diferentes.

Twitter: @lourdesaranda