Opinión

Elecciones: compraventa
y barbarie

 
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Despensas Yucatán

Por calles y caminos del Distrito Federal y del Estado de México voy recogiendo testimonios:

En Ecatepec, una señora, secándose las manos en el delantal, relata: “Vinieron los de Antorcha, que son los que siempre andan por aquí. Que nos iban a pintar las casas. Mire, dijeron, puede ser verde agua, pistache, durazno. Que teníamos que darle nuestra credencial del IFE, que el domingo 7 venían por nosotros.

Muchos dijeron que sí, otros que no. Mire cómo quedó la colonia CTM Guadalupana, mire, toda moteada. Los que sí y los que no. A los que les pintaron las casas les pusieron un circulito de PRI. ¿Usted no sabe si los de Antorcha son del PRI? Yo creí que andaban peleados”.

Y en Naucalpan, una joven cuenta que los del Verde no han pasado por allí: “A esos ni los conocemos. Pura propaganda. ¿No ha visto los letreros que pusieron, esos rojos y verdes, esos del Verde y del PRI?” (Dice el presidente del PRI que nada más es coincidencia, apunto, y la chica respinga): “¡Cómo que coincidencia! ¿Es tonto o se hace?”.

Y ya en el DF, emerge otro testimonio: “Nosotros somos del perredé. Aquí todos somos amarillos. Y más con lo que nos dieron despensas y cosas. Hasta los rejegos agarraron sus cositas. Dicen: agarramos lo que nos den y gracias, a votar por el que sea”.

Y uno más en Iztapalapa: “Por acá llegaron los de Morena, que si no votábamos por Morena nos iban a quitar lo que les dan a los viejitos. Que ellos son los que se los dan, que es López Obrador, de su bolsillo, dicen. ¿Pues qué no era pobre, López Obrador?”.

Una señora festeja su astucia: “A mí me dieron una despensa y me dicen: pero su credencial, doña. Y les digo: se me olvidó, luego se la traigo, y no, ya no he vuelto”.

Otra se angustia: “Nos dieron mil pesos para que ese día llevemos gente. Cuantimás, mejor. Yo tengo que llevar a 12, una cosa así… son siete vecinos, tres hijos y, ay Dios, me faltan dos”.

¿Y del PAN, qué me cuenta? “Los del PAN vienen en bolita, andan en bolita. Van casa por casa regalando listoncitos, tostadores, licuadoras. Dicen que hasta un refrigerador regalaron un día. Y se van en bolita entre ellos, limpiecitos”.

En Cuajimalpa les dan gusto a todos: “Acá vienen los del perredé. Que esto y que lo otro. Y luego vienen los de Morena. Que nosotros somos morenos, pueblo, y ellos son como nosotros. Que por quién vamos a votar. A los del perredé les decimos que por el perredé y a los de Morena que por Morena. Había de ver cómo se ponen de contentos”.

Voces y ecos de una campaña de repartos y cobranzas. Te di, me das. Y si llego te doy más. Campañas reducidas a trueque, ausentes las ideas. Nada de promesas colectivas sino de pago al contado. El INE parece lejos, incapaz de ver de cerca tanta operación de compraventa.

La señora que vende tamales en un parque de Milpa Alta sintetiza su temor y su esperanza: “Yo sí voy a votar por los que más me dieron. Nomás que luego no me salgan con su domingo 7”.

Es grave y triste, pero más tristes y más graves son las imágenes de militares desalojados de oficinas electorales en Oaxaca. Unas cuantas decenas de delincuentes de la CNTE bastan. Saben que los soldados, prudentes, disciplinados, no opondrán resistencia. Los humillan al salir. Los integrantes de la Coordinadora se sienten intocables, poder sin orillas. Rompen, queman, desafían.

Junto con los cristales, las computadoras y el material electoral que destruyen, queda pulverizado el Estado de derecho. No hay ideas, afanes libertarios, razón mínimamente legítima. La barbarie tiene permiso.

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