Opinión

Elecciones

Mientras escribo estas líneas, hay elecciones en Bolivia. Usted ya sabrá los resultados cuando las lea, y seguramente habrá ganado nuevamente Evo Morales, que ya lleva ocho años en el poder, y se quedará ahí todo lo que pueda, siguiendo la tradición latinoamericana en la que resulta muy difícil dejar el poder, sin importar el signo ideológico.

En dos semanas, las elecciones serán en Brasil, en donde hay un límite constitucional a una única reelección. Así, el presidente puede estar cuatro u ocho años en el poder. Es como tener un periodo largo, con una posibilidad de revocación a la mitad. Tanto Fernando Henrique Cardoso como Luiz Inácio Da Silva (Lula), pudieron completar todo el tramo de ocho años. Dilma Rousseff parecía que lo lograría sin ninguna dificultad, pero la muerte accidental del candidato del Partido Socialista abrió el espacio a Marina Silva, que por unas semanas aparecía en las encuestas como capaz de ganar la primera vuelta electoral. No fue así, se hundió al tercer lugar, y con ello Aécio Neves, de la Socialdemocracia, es quien competirá con Dilma por la presidencia en la segunda vuelta, a celebrarse el domingo 26 de octubre.

Las encuestas que he visto ponen prácticamente empatados a ambos candidatos, pero ya veremos qué ocurre. Si logra quedarse en la presidencia, Rousseff lo hará con una legitimidad muy abollada, y en medio de una crisis económica que apenas empieza. El crecimiento de Brasil durante los últimos años ocurrió en respuesta a una gran demanda china. Brasil le podía vender bienes primarios en cantidades importantes (soya, hierro), y con eso el crecimiento parecía espectacular, pero era igual que el que América Latina ha visto en casi toda su historia independiente: vendemos materias primas, agotando recursos en el camino. Cuando acaba el ciclo, nos desplomamos. China está en el proceso de rebalancear su crecimiento, algo muy difícil de hacer. Cuando Japón lo intentó, entró en un estancamiento que lleva ya un cuarto de siglo. Corea del Sur cayó de crecer 8.0 a sólo 4.0 y ahora apenas 2.0 por ciento anual. China está ya debajo de 8.0 por ciento, y las predicciones no son buenas.

Sin China de comprador, Brasil no puede competir. No tiene una industria eficiente, como lo mostró hace un par de años, que decidió cerrar la frontera a nuestros autos, que llegaban allá 30 por ciento por debajo del precio al que ellos producían. Esta década no va a ser buena para Brasil, ya se empezó a notar, y los brasileños parece que le cobrarán a Dilma.

Diez días después de esa elección, el primer martes de noviembre, viene la elección intermedia en Estados Unidos, en donde una cantidad importante de senadores buscan la reelección, que en esos puestos no tiene límite en ese país. Las encuestas que conozco apuntan a que el Partido Demócrata perderá el control del Senado, de forma que los republicanos tendrán las dos cámaras en su poder. Los dos últimos años de Obama serán una pesadilla para él, y pueden serlo para todo el mundo. En este momento, el único motor de crecimiento global es Estados Unidos, y el único liderazgo militar para impedir el derrumbe de Medio Oriente, la demencia de Putin, o el escape hacia delante de China, es nuestro vecino.

Estos dos años próximos van a ser todavía más interesantes que todo lo visto desde 2008.

Acomódese para ver bien.

Twitter: @macariomx