Opinión

“El voto es libre y secreto”

10 febrero 2014 4:35 Última actualización 18 octubre 2013 5:2

 
Juan Antonio García Villa

Para explicar el porqué del título de este artículo, es necesario un preámbulo que suplico disculpar al amable lector. Como si hubiera sido ayer, recuerdo perfectamente todo lo acontecido en la campaña electoral de Coahuila en 1978.
 

Fue ese proceso para renovar ayuntamientos. De los 38 municipios, Acción Nacional sólo presentó candidatos en tres: Torreón, Monclova y Sabinas. A pesar de que la presencia panista en esas elecciones no llegó siquiera al diez por ciento de los municipios, se consideró sin embargo como una gran avance, toda vez que tres años antes sólo había participado en Sabinas.
 

Encabezó ese año la planilla panista en Torreón una persona muy conocida, columnista local muy leído, magnífico orador de corte popular, hombre de amplia cultura y combativo militante, el ingeniero Eduardo Gurza Villarreal, ya fallecido, que tres años después alcanzó proyección nacional por la interpelación que hizo a López Portillo en su informe presidencial de 1981.
 

En esa elección local del 78 era yo presidente del comité panista de Torreón, jefe de la campaña municipal y representante de Acción Nacional ante el comité electoral. Había que multiplicarse de esa manera porque la mies era mucha y los operarios pocos. Como en otras ocasiones, me vi en la necesidad de hacer uso de dos periodos vacacionales que en mi trabajo tenía pendiente de disfrutar, para dedicarme totalmente a la campaña electoral.
 

La noche de las elecciones algunos se sorprendieron que los resultados, conforme llegaban las actas de escrutinio al local del PAN, apuntaban una clara victoria para éste. Entonces el PRI dio instrucción a los presidentes de casilla que aún no concluían labores, de ya no entregar copia de las actas a los representantes de Acción Nacional. Por esto fue que faltaron alrededor de quince actas, aunque los resultados de sus escrutinios se conocían, pero con la información disponible el PAN ganaba por más de dos mil votos. Luego salió el Congreso local con el cuento de que el PRI había ganado por alrededor de 500 votos. Nadie lo creyó.
 

Pues bien, recuerdo que hacia mediados de noviembre de 1978, cuando faltarían como tres semanas para las elecciones, en una de tantas pláticas de capacitación para representantes de casilla del PAN que me tocó impartir, una persona con aspecto de agente de ventas –no sé por qué así me pareció que era su actividad– sugirió que para hacer frente a las presiones y mecanismos de intimidación de que son objeto muchos electores, se propusiera al comité electoral que en las casillas se fijaran 2 o 3 cartulinas grandes que sólo dijeran “El voto es libre y secreto”.
 

La idea me pareció excelente, pues pensé que los priistas no se atreverían a objetarla. Se la planteé al presidente del comité, un contador público de nombre Enrique Muñoz que aunque del PRI era buena persona. Sólo dijo que el comité carecía de recursos para hacer el gasto que implicaba. Le dije que el PAN los aportaba y entonces ya no tuvo forma de oponerse.
 

De inmediato me comuniqué con el autor de la propuesta para darle a conocer el resultado de la gestión. Con gran generosidad me dijo: “El PAN no tiene porqué cargar con ese gasto. Yo me encargo de conseguir el dinero necesario”. Y lo hizo.
 

En esas elecciones municipales del 3 de diciembre de 1978 las casillas de Torreón tuvieron fijadas dos o más cartulinas con esa leyenda: “El voto es libre y secreto”. Hoy el IFE y demás organismos electorales estatales las usan para cubrir por todos sus costados las mamparas que se utilizan para que los electores voten.
 

A lo largo de los años, en periódicos y noticieros de televisión he visto que en países de Centro y Sudamérica (y en alguna ocasión creo haber visto que hasta en Filipinas) usan esta frase para ponerla en distintos puntos de los recintos de votación.
 

La idea original fue de un ciudadano de Torreón, hace 35 años. Lamento no tener presente su nombre, pues luego de esos comicios no recuerdo haberlo vuelto a ver o saludar en el PAN ni en la ciudad. Pero su aportación, en apariencia sin importancia, ha transcendido fronteras y el tiempo mismo. Muchas gracias a este ciudadano anónimo.