Opinión

El voto de los trabajadores

 
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 [Bloomberg] Los 2 mejores proyectos asistirán a Sillicon Valley.  

Desde los setenta el voto de los trabajadores ha favorecido en una proporción de 60-40 al Partido Demócrata. La excepción fue la elección de 1980, cuando Ronald Reagan obtuvo la mayoría. Esto se explica por las políticas sociales de los gobiernos de ese partido y porque los Republicanos han privilegiado los intereses empresariales.

Si uno lee la lista de las organizaciones que han manifestado su apoyo a cada uno de los candidatos, pudiera pensar que Hillary arrasará en este sector. Por ella se han pronunciado, y han hecho aportaciones económicas, la AFL-CIO (12.5 millones de miembros) y los grandes sindicatos de industria (automotriz, aeroespacial, tabacalera, minera, de la construcción, del acero), del transporte (ferrocarrileros, navieros, estibadores, teamsters, controladores y pilotos aéreos) y de los servicios (burócratas, maestros, carteros, empleados del comercio, actores, directores y músicos). Por Trump sólo se han inclinado sus colegas, los profesionales de los bienes raíces, las fraternidades de policías y de agentes de la Patrulla Fronteriza y las agrupaciones de albañiles de la frontera “ready to work on the Wall”.

La realidad es que la decisión de apoyar a los Demócratas tiene que ver con el interés político de los líderes y no es resultado de un proceso abierto. Generalmente le envían una carta con sus demandas a cada candidato y con base en la respuesta los dirigentes deciden. La vieja inconformidad de las bases con esa forma de actuar es este año más evidente. Además, las asociaciones gremiales han venido sufriendo un declive en su membresía y la mitad de sus afiliados laboran en el sector público.

El hecho es que los trabajadores le están dando la espalda a Hillary. La ven demasiado cerca del Big Business y muy poco interesada en sus demandas. Por ejemplo, a instancias de los conglomerados de Silicon Valley ella propone darle la green card a los extranjeros que obtengan posgrados en matemáticas, ciencia, tecnología e ingeniería. Eso no lo quieren los sindicatos porque les quita puestos de trabajo y deprime los sueldos.

Ella sólo se interesó realmente en el incremento del salario mínimo o en la educación técnica gratuita cuando vio crecer a Bernie Sanders con esas propuestas.

Le reprochan también que vuelva a prometer lo que Obama en ocho años no cumplió, como crear nuevos trabajos en grandes proyectos de infraestructura, transporte y energías limpias o apoyar fiscalmente a la declinante industria manufacturera. Ellos sienten que se requieren reformas estructurales para recuperar el empleo y ella apenas les ofrece más guarderías y créditos para vivienda.

En contraste, Trump centró su campaña desde el principio en la migración ilegal y los tratados comerciales como causa del desempleo, como venían alegando de tiempo atrás los sindicatos.

Con su retórica populista se presenta como un empresario hábil y audaz, que va a tomar decisiones radicales: deportar a los migrantes ilegales; bajar al 15% la carga fiscal a las empresas para evitar que se vayan a países de baja tributación; ponerle un impuesto del 10% a los depósitos de los corporativos americanos en el extranjero; echar para abajo las regulaciones ambientales que dejaron sin chamba a los mineros del carbón y a los acereros; abrogar los tratados comerciales; poner altísimos aranceles a las importaciones chinas (señaladas como culpables del cierre de fábricas de autopartes, computadoras, componentes electrónicos, muebles, equipos deportivos, productos plásticos y juguetes en los estados del Medio Oeste, claves en esta elección).

Además, a diferencia de lo ofrecido por otros Republicanos, él mantendría los programas sociales y haría una reforma total de la Administración de Veteranos.

Independientemente de que esas medidas realmente sirvan para crear o recuperar empleos o sea posible pasarlas por el Congreso, han tenido fuerte impacto entre los asalariados. Por ello Hillary ha cambiado su posición sobre el libre comercio y su campaña ha montado una contraofensiva para recordar que Trump usa trajes hechos en México, que ha contratado migrantes ilegales muchas veces y que es un patrón desalmado, que no se ha tentado el corazón para quebrar empresas como fórmula para reducir prestaciones a los empleados de sus casinos.

En estos momentos las preferencias entre la fuerza laboral están 50-50 y es impredecible hacía donde se vayan a mover: a Hillary ya no le creen y a Trump no acaban de creerle.

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